Una tormenta nocturna trae a Sidonie Forsythe al castillo de Craven, donde la aguarda Jonas Merrick, un hombre de reputación oscura y cicatrices profundas.
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Una tormenta nocturna trae a Sidonie Forsythe al castillo de Craven, donde la aguarda Jonas Merrick, un hombre de reputación oscura y cicatrices profundas. Ella no viene a cumplir la promesa que su hermana hizo en una mesa de juego, sino a sustituirla. Durante siete noches, Sidonie se entregará al rico y enigmático Merrick para salvar a Roberta de la ruina. Lo que comienza como un sacrificio calculado entre dos desconocidos despierta en ambos emociones que ninguno previó.
Una tormenta vuelca el cielo la noche en que Sidonie Forsythe llega al castillo de Craven, perdido en los acantilados de Devon. Su llegada no es fruto de la casualidad: debe enfrentarse a Jonas Merrick, un bastardo rico, poderoso, marcado por cicatrices profundas que dividen su rostro en dos. Su nombre evoca tanto fascinación como repugnancia en los círculos de la alta sociedad.
Merrick ha cobrado una deuda de juego a la hermana de Sidonie, Roberta, mediante un trato que debería haberla deshonrado: una semana entera en su cama, página con página de su cuerpo el precio de unos naipes perdidos. Pero Roberta no se presentará. En su lugar, Sidonie, joven aún, virgen, se ofrece como sacrificio. Está decidida a ser ella quien sufra en lugar de su hermana, quien cargue con las consecuencias de una deuda que no contrató.
Lo que sucede en el castillo durante aquellas siete noches trasciende toda expectativa. Merrick, esperando a la hermosa y segura Roberta, se encuentra con una mujer desconocida que lo desafía desde el primer instante. Sidonie, preparada para lo peor, descubre capas inesperadas de complejidad en quien la sociedad ha etiquetado como monstruo. En la soledad del castillo barrido por el viento, protegidos por las sombras de las noches compartidas, ambos comienzan a revelar las cicatrices que no son visibles en la piel.
Un trato transaccional se transformará en encuentro genuino. Sidonie descubre en Merrick a alguien que la ve realmente, que la desea sin negociar sus miedos, reconociendo plenamente quién es ella bajo la valentía que finge. Merrick, a su vez, encuentra en Sidonie una redención inesperada: la posibilidad de que alguien lo acepte tal como es, con sus marcas y su oscuridad intacta. Lo que comenzó como sacrificio se convierte en pasión, en reconocimiento mutuo, en la lenta revelación de que ambos son infinitamente más que sus cicatrices.
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