Nicolay descubre las fotos: su esposa en brazos de otro hombre. Con una pistola en mano, obliga a Dayanne a elegir entre su amor y su libertad. Años después, cuando ella intenta escapar prometiendo el divorcio, un accidente la arrebata.
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Nicolay descubre las fotos: su esposa en brazos de otro hombre. Con una pistola en mano, obliga a Dayanne a elegir entre su amor y su libertad. Años después, cuando ella intenta escapar prometiendo el divorcio, un accidente la arrebata. Su hija queda perdida entre las garras del poder Kapot y un hombre que grita cada noche su nombre en la oscuridad. Una novela sobre la pasión que destruye, los pecados que encadenan y el precio del amor en un mundo donde el poder no conoce límites.
Una escena se repite en la memoria como una marca: Nicolay sostiene fotos en blanco y negro, el acto consumado de la infidelidad de su esposa Dayanne en brazos de otro hombre. Con una Desert Eagle dorada apuntando a la nuca del intruso, un ultimátum silencioso se cierne sobre todos. Dayanne elige salvar a su amante, aceptando una prisión que durará años. A cambio de su vida, ambos son separados de la pequeña hija que acaban de concebir. Nicolay, patriarca de los Kapot, hombre de poder y fortuna, decide que el castigo sea la ausencia.
Pasados dos años, Dayanne no aguanta más. Cansada de fiestas, de sonreír como la esposa perfecta de un hombre que nunca la amó, solicita el divorcio en la noche más importante del calendario social neoyorquino. Pero Nicolay no la dejará partir así. Busca desesperada a su hija, llama a su amante pidiendo noticias que nunca llegan. En la lluvia de Nueva York, mientras conduce hacia el reencuentro que anhela, los frenos de su Jaguar ceden. Los cables fueron cortados. Su cuerpo se consume en la explosión que sigue.
En el funeral, bajo la lluvia y las miradas de los cinco hermanos Kapot que sonríen con la victoria, un hombre permanece en la distancia observando cómo descienden a Dayanne a la tierra. Observa también a una mujer que lleva en brazos a una niña de cabellos rizados y ojos pardos. Es su hija. Solo suya. Y no puede hacer nada al respecto. Desde ese punto, la novela se sumerge en los siete pecados: la lujuria del primer encuentro, la ira del patriarca, la envidia de los hermanos, la soberbia del poder sin límites. Un hombre grita cada noche el nombre de Dayanne, sin saber que Nicolay ya ha calculado cada movimiento.