Un policía corrupto intenta escapar de sí mismo en las calles de una ciudad degradada. Mientras lidia con su incapacidad de vincularse emocionalmente—durmiendo en un sillón de su propia sala, rehuyendo la intimidad—, Zuzunaga se ve…
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Un policía corrupto intenta escapar de sí mismo en las calles de una ciudad degradada. Mientras lidia con su incapacidad de vincularse emocionalmente—durmiendo en un sillón de su propia sala, rehuyendo la intimidad—, Zuzunaga se ve arrastrado a un nuevo caso: la búsqueda de un asesino que aparentemente escapó de una redada. Entre el dinero ilícito, las mujeres desamparadas que comparte su techo y las deudas que lo atan a criminales, nada es seguro. Ni siquiera él mismo.
En una ciudad donde la corrupción se ha vuelto atmósfera, Zuzunaga es un policía que ha construido un refugio inadecuado en su propio departamento. Duerme en el sillón de la sala, incapaz de permitirse el lujo de una cama, incapaz también de permitirse los sentimientos que amenazarían con atarlo a las dos mujeres que ahora viven bajo su techo: Nat, una joven que mendiga en las calles con su hija. El encuentro íntimo entre ellos es un acto cargado de ambigüedad y culpa. Mientras Zuzunaga la toca, escucha a la Niña llorar en la otra habitación, buscando a su madre. Es un momento que revela su parálisis emocional: ni siquiera puede permitirse la caricia simple, como si cada gesto de afecto fuera una traición a su visión de sí mismo como un hombre solitario, incapaz de formar familia. Su vida se divide entre las comidas en fondas desvencijadas, sus encuentros ocasionales con La Amarilla Nelson—un viejo criminal ahora deshecho por la pérdida de su familia—y las exigencias de su jefe Alvariño, quien financia su existencia con dinero sucio. Ha pagado un precio alto por su ascenso: ha cedido su dignidad a cambio de cuotas y sobornos. Cuando Alvariño lo cita en un restaurante de lujo, le encomienda una tarea: encontrar a Néstor Quiñones, un asesino que presuntamente escapó de una redada. Los que lo contratan son dos hermanos cuyos tío fue asesinado y cuya búsqueda de justicia se ha convertido en venganza. En medio de este laberinto de compromisos imposibles y lealtades fracturadas, Zuzunaga compra su primera cama en años, un acto que carga todo el peso de una capitulación: aceptar que tal vez pueda vivir con otra persona bajo el mismo techo.
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