Una noche de sábado en Madrid, invitado a un programa de televisión en plena crisis de credibilidad política, un joven político del PP se prepara para hablar con honestidad.
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Una noche de sábado en Madrid, invitado a un programa de televisión en plena crisis de credibilidad política, un joven político del PP se prepara para hablar con honestidad. Mientras llegan noticias sobre nuevos escándalos de corrupción, recuerda sus años en Euskadi bajo la amenaza de ETA, donde aprendió que la libertad solo se defiende mediante la sinceridad.
Una noche de sábado en Madrid. Faltan dos horas para entrar en plató en un programa de televisión donde debe hablar sobre la desafección política. España convulsiona: crisis económica, corrupción, manifestaciones que rodean el Congreso. En ese preciso instante, mientras se prepara mentalmente para responder con honestidad, llegan las noticias sobre nuevos escándalos financieros. La credibilidad de la política se desmorona ante sus ojos.
El autor, un político joven del Partido Popular, recuerda entonces su adolescencia en el País Vasco: décadas de silencio impuesto por el terrorismo de ETA. Conversaciones a escondidas, autobuses quemados, un policía asesinado en la avenida de Navarra mientras la gente pasaba sin decir nada. Ese miedo que paralizaba, ese régimen del silencio. Y luego, Gregorio Ordóñez: un político que rompía esquemas, que hablaba claro, que demostró que en Euskadi se podía llevar la cabeza alta sin ser nacionalista.
Ahora, frente a la televisión, comprende que la pregunta fundamental no es si la política merece la pena, sino si los políticos están dispuestos a pagar el precio de la honestidad. Reflexiona sobre la obligación de defender las instituciones democráticas que tanto costaron construir, sobre cómo el descrédito abre puertas a quienes ofrecen soluciones fáciles a problemas complejos. Y sobre cómo recuperar la credibilidad: siendo transparentes, auténticos, sinceros consigo mismos y con los ciudadanos.