En la taberna del Tulipán de las Praderas, Christian Sense regresa y encuentra a su compañero Jake tendido en el suelo, ensangrentado. Jake, apodado 'el Entrometido', ha vuelto a meterse en problemas defendiendo a una muchacha de los…
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En la taberna del Tulipán de las Praderas, Christian Sense regresa y encuentra a su compañero Jake tendido en el suelo, ensangrentado. Jake, apodado 'el Entrometido', ha vuelto a meterse en problemas defendiendo a una muchacha de los avances de un hombre. Esta novela de oeste presenta a dos vaqueros: Jake, impulsivo y leal, cubierto de cicatrices por años de defender al débil; y Christian, su amigo cauteloso que no puede abandonarlo, aunque ello lo lleve siempre al combate y la lesión.
En la taberna del Tulipán de las Praderas, Christian Sense llega para encontrar a su compañero Jake en el suelo, sangrando por nariz, con un ojo morado. Una vez más, Jake ‘el Entrometido’ se ha visto envuelto en una pelea. Con apenas veintisiete años, Jake ha dedicado diez de ellos a interferir en los asuntos de otros: defender al débil, mediar entre disputas, salir en defensa de quien lo solicitara o no. Su cuerpo es un museo de cicatrices y deformaciones, testimonio de su incapacidad para mantenerse al margen. Es ingenuo pero leal, valiente pero eternamente arrastrado por una compulsión que le obliga a intervenir, aunque la mayoría de las veces termine sangrando.
Christian, su amigo, ha tratado repetidamente de convencerle de abandonar esta tendencia destructiva. Pero Jake persiste: cada vez que se repone, olvida el dolor y vuelve a meterse en problemas. Christian, exasperado pero leal, no puede abandonarlo. Ha visto cómo su amigo termina lisiado una y otra vez, pero cuando llega el momento de actuar, Christian siempre está ahí.
En esta ocasión, Jake defendió a una muchacha llamada Miss Welsh de los avances violentos de Sherwood Burgess, un hombre fuerte y sin escrúpulos que intentó besarla sin consentimiento. Jake se interpuso, fue golpeado y arrojado dentro de la taberna. Pero Christian no puede permitir que su amigo sufra solo. Cuando Burgess lo desafía con palabras cortantes, Christian acepta la pelea.
Lo que sigue es un combate feroz. Burgess es musculoso y poderoso, pero Christian ha aprendido bien el arte del combate durante la guerra de Secesión, instruido por un compañero de armas que le enseñó boxeo y trucos efectivos. La pelea es cerrada al principio, pero Christian, más ágil y estratégico, logra conectar un golpe decisivo en la boca de Burgess, haciéndole perder un diente. Enfurecido, Burgess ataca con más violencia, pero la táctica de Christian resulta victoriosa: una serie de golpes precisos dejan a Burgess amoratado, sangrante e incapaz de continuar.
Cuando todo parece haber terminado, Jake, con los últimos restos de energía, administra una patada vengativa al compañero de Burgess, quien ha permanecido apartado, amenazado por el revólver de Jake. Los dos vaqueros, maltratados pero satisfechos, abandonan la taberna hacia la posada, sosteniéndose el uno al otro, mientras los testigos observan con admiración esta demostración de camaradería y justicia improvisada en el salvaje oeste.
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