En el sofocante Reno del Oeste, Mike Breed llega a una taberna en la mañana ardiente. La noticia corre rápida: los hermanos Fenton lo buscan para cobrar la muerte de Buck.
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En el sofocante Reno del Oeste, Mike Breed llega a una taberna en la mañana ardiente. La noticia corre rápida: los hermanos Fenton lo buscan para cobrar la muerte de Buck. Con los ojos fríos y la pistola cargada, el pelirrojo pistolero afronta el enfrentamiento en la polvorienta calle. Pero tras la victoria sangrienta viene una verdad más dolorosa: su destino de hombre violento lo condena a abandonar a Joanna, la única mujer que lo amó sin condiciones, condenándola a la soledad.
La tarde sofocante tiembla con el chirrido de una carreta. Mike Breed, pelirrojo y de ojos azul oscuro, espera tranquilo en el mostrador del Nupen P, con un vaso de whisky transparente que refleja la luz que se filtra por las grietas. No ha estado en Reno ni tres semanas cuando la muerte ya ronda su nombre.
Un mensaje urgente llega por boca de James Braun: los Fenton están en el pueblo, listos para matar. Son dos hermanos furiosos, hermanos de Buck, a quien Mike derribó la noche anterior con dos disparos certeros en la garganta. El pelirrojo asiente en silencio, indiferente, como si discutiera sobre el clima. Su sangre fría no tiembla. Sus manos no dudan.
En la calle desierta, bajo un sol que castiga sin piedad, Mike se enfrenta a Bruce y Leo Fenton. No hay palabras que valgan. Leo saca sus revólveres en un destello de acero, y Bruce apunta su Winchester desde el almacén. Pero Mike es ambidextro, más rápido, más mortífero. Se lanza al polvo rodando, dispara desde una posición imposible, alcanza a Bruce con dos balas en el pecho. Luego, en un movimiento fluido de muerte, levanta y perfora a Leo, quien cae muerto con los sesos esparcidos en la acera.
La victoria sangrienta trae consigo un precio más alto que cualquier bala: la culpa. Joanna, la mujer rubia que lo esperaba con esperanza febril, lo ve regresar. Ella llora, suplica, ofrece la paz que Mike busca desesperadamente. Pero él no puede quedarse. Tres hombres han muerto desde su llegada. Su naturaleza de pistolero, respetado y temido, lo aleja de la paz que persigue.
Mike abandona Reno sin volverse, dejando atrás a Joanna en su casucha deshonrada, llorando desde la puerta mientras el pistolero sube a su caballo y desaparece en el horizonte ardiente. El pelirrojo viajero sigue su camino solitario, condenado a una existencia de violencia, incapaz de encontrar el descanso que su alma busca, llevando consigo el peso de las muertes que provoca.
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