Malherido en el fondo de un barranco, Gonzalo despierta sin memoria ni más que una camisa ensangrentada. Una herida en la cabeza ha borrado su identidad y posesiones, pero una cantimplora con su nombre grabado es su único rastro.
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Malherido en el fondo de un barranco, Gonzalo despierta sin memoria ni más que una camisa ensangrentada. Una herida en la cabeza ha borrado su identidad y posesiones, pero una cantimplora con su nombre grabado es su único rastro. Cuando una viuda y sus hijas lo encuentran, lo llevan a su hogar para sanarlo. Sin fortuna ni bienes que ofrecer, solo promesas, Gonzalo debe ganarse su confianza mientras recupera fragmentos de su pasado y los enemigos que lo dejaron allí siguen acechando.
Otoño de 1706. En el Reino de Valencia, después de la batalla del Llano de las Ortigas, un hombre despierta maltrecho en el fondo de un barranco. Con una herida profunda en la cabeza que ha borrado sus recuerdos, Gonzalo —como aparece grabado en la cantimplora que encuentra junto a él— yace completamente indefenso. Despojado de uniforme, botas y armas, solo guarda una camisa ensangrentada. Ni siquiera recuerda a qué regimiento pertenecía o si fue dejado allí por muerto.
Cuando ha perdido toda esperanza de salvación, tres mujeres lo descubren: una viuda de mediana edad, templada y desconfiada, y sus dos hijas. La madre, que ha aprendido a ser cautelosa tras perder a su propio esposo en la guerra, evalúa fríamente la situación. Gonzalo, necesitado, debe convencerla de que merece la pena salvarlo. Sin dinero ni posesiones, solo puede ofrecer la promesa de una recompensa futura, cuando recobre la salud y llegue a su casa, donde asegura poseer riqueza.
Escéptica pero no sin compasión, la viuda lo lleva a su hogar. Así comienza una frágil convivencia en la que Gonzalo debe ganarse la confianza de sus bienhechoras mientras lentamente recupera fragmentos de su pasado. Conforme recobra fuerzas, pequeños indicios sobre su identidad emergen, y el soldado empieza a reconstruir quién es realmente. Pero las fuerzas que lo dejaron medio muerto en aquel barranco no han desaparecido. Aquellos que lo despojaron de todo siguen buscándolo, y su regreso pone en peligro no solo a Gonzalo sino también a la familia que lo ha acogido con riesgo para sí misma.