Mientras una sinfonía termina en la televisión, George Washington Budd Baxter recibe una llamada inesperada de una periodista que fue amiga años atrás.
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Mientras una sinfonía termina en la televisión, George Washington Budd Baxter recibe una llamada inesperada de una periodista que fue amiga años atrás. Ella ha descubierto un detalle inquietante sobre el compositor Wlad Brokowski: la noche en que murió su esposa durante un robo, ella supuestamente viajaba a San Francisco. La identificación del cadáver se basó apenas en anillos y pulseras, pues la cara quedó irreconocible. ¿Quién fue realmente asesinada? Cuando matones irrumpen en el apartamento de la periodista para acallarlo, Baxter interviene con sus habilidades en artes marciales, iniciando una investigación que desmorona lo que la policía dio por cerrado.
George Washington Budd Baxter es un hombre versado en artes marciales que vive su rutina diaria cuando, en la televisión, asiste a la transmisión de una sinfonía de Wlad Brokowski, un compositor que compuso esta obra bajo circunstancias trágicas. El locutor narra cómo años atrás, durante lo que se presentó como un intento de robo en la residencia de Brokowski, un atacante disparó contra la esposa del compositor, Helga, matándola. El mismo atacante hirió a Brokowski, quien quedó ciego tras las heridas sufridas. Desde entonces, el compositor se retiró del mundo público.
Al día siguiente, Erin Caldwell, una periodista que conoció a Baxter tiempo atrás, lo contacta para invitarlo a cenar. Su llamada encierra un propósito oculto. Cuando Baxter llega al apartamento de Erin, se encuentra con una situación inesperada: matones la retienen amenazándola con un arma blanca, tratando de obligarla a abandonar un reportaje que está investigando. Baxter los enfrenta utilizando sus habilidades de combate, venciéndolos con precisión. Al interrogarlos, descubre que fueron enviados por alguien llamado Seth Mulween para impedir que Erin escribiera sobre Brokowski.
Lo que Erin ha descubierto es desconcertante. Mientras investigaba, encontró registros de vuelos que demuestran que Helga Brokowski voló a San Francisco el mismo día del crimen, antes de la hora en que ocurrió el asesinato en su hogar. La identificación del cadáver se basó únicamente en pulseras y anillos encontrados en el cuerpo, pues el rostro quedó irreconocible tras el disparo de corta distancia. Erin plantea una pregunta que remueve los cimientos de todo lo que se creyó conocer: ¿y si la mujer asesinada no era Helga Brokowski?
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