Tumbado en una calle del Bronx con un tobillo lesionado, Al Pacino siente alivio al pensar que quizá esté fuera de El padrino. Sus memorias remontan esa inseguridad a sus orígenes: un niño del South Bronx donde la pobreza y la fragilidad…
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Tumbado en una calle del Bronx con un tobillo lesionado, Al Pacino siente alivio al pensar que quizá esté fuera de El padrino. Sus memorias remontan esa inseguridad a sus orígenes: un niño del South Bronx donde la pobreza y la fragilidad emocional lo acompañaban. El cine es su único refugio, el espacio donde descubre que puede habitar otras vidas. Entre abuelos italianos y una madre sensible, aprende que la imaginación es su mejor amiga mientras crece entre calles peligrosas y momentos de quiebre familiar.
Tumbado en una calle del Bronx con un tobillo lesionado, al inicio del rodaje de El padrino, Al Pacino siente alivio ante la certeza de que será expulsado de la película. Décadas después, en sus memorias, rastrea ese sentimiento de no pertenencia hasta su infancia más profunda, en un Bronx de posguerra poblado de inmigrantes pobres.
Sus padres se separan cuando es apenas un bebé. Su madre, frágil y trabajadora, lo arrastra a salas de cine oscuras como único refugio compartido. Sin televisor ni compañeros de juego, Pacino puebla la soledad del apartamento hacinado con personajes de la pantalla: revive a Ray Milland desesperado por encontrar su botella escondida, imita sus gestos, canaliza el terror de un hombre al borde del abismo. Su abuela le cuenta historias donde él es protagonista. Su abuelo James Gerard, yesero siciliano que llegó a Nueva York a principios de siglo, se convierte en la primera figura paterna real.
Pero esta infancia de creatividad solitaria se fractura irremediablemente. El gesto tierno con que su madre lo prepara para bajar a jugar un día de la semana habla de despedida. Horas después la ve salir en ambulancia del edificio. Su intento de suicidio, el hospital, el silencio de los mayores, la confusión de un niño: esa ruptura marca un antes y un después permanente. Años después, cuando interpreta a John Cazale siendo sacado en camilla en Tarde de perros, esa imagen lo devuelve a aquel sábado.
Las calles del Bronx lo mantienen vivo. Sus pandillas, Bruce, Cliffy, Petey: amigos que lo moldean. Pacino intuye haber recibido más amor familiar que los otros tres, y esa diferencia es la que le permitió sobrevivir.