Un narrador solitario recorre las callejuelas de una ciudad flamenca y descubre en una capilla antigua a Pilatus, un amanuense público que escribe cartas y versos para quienes acuden buscando palabras para sus secretos.
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Un narrador solitario recorre las callejuelas de una ciudad flamenca y descubre en una capilla antigua a Pilatus, un amanuense público que escribe cartas y versos para quienes acuden buscando palabras para sus secretos. En esta colección de relatos que funcionan como confesiones, Ghelderode teje una atmósfera donde lo cotidiano se desvanece y emergen los misterios, anhelos y melancólías que habitan en los rincones olvidados de la memoria.
Sortilegios reúne los relatos que Michel de Ghelderode escribió tras renunciar al teatro, obras donde la voz del dramaturgo se vuelve narrativa y confesional. Cada cuento presenta a un narrador en primera persona que se desplaza por mundos donde el tiempo pierde sentido y lo cotidiano se tiñe de presagios y extrañeza.
El relato inicial nos sitúa en una ciudad flamenca donde callejuelas sinuosas rodean una mansión antigua de aspecto monacal que alberga un museo de artes populares. El narrador es un visitante privilegiado de este espacio abandonado, custodiado por Daniel, un anciano conserje que parece haber emergido de otra época. Pero quien verdaderamente lo cautiva es Pilatus, un amanuense público que habita en una capilla anexa; escriba de profesión que compone versos y cartas para quienes buscan dar forma a sus sentimientos. En este personaje se concentra toda la poesía de lo marginal: un hombre que vive entre palabras ajenas, testigo silencioso de los anhelos que otros no pueden expresar por sí mismos.
La obra de Ghelderode es eminentemente visual, plástica, construida con la sensibilidad pictórica de los maestros flamencos que admiraba. Sus páginas crean atmósferas donde prevalece la nostalgia, donde los objetos antiguos respiran significados ocultos, donde la muerte ronda constantemente. No hay construcciones psicológicas complejas sino visiones alucinadas, confesiones fragmentarias que revelan una verdad secreta: la del arte como máscara que permite expresar lo más profundo.