En Benidorm, una madrugada de verano, una zodiac atraviesa aguas oscuras mientras Michela, policía nacional con un lado opaco, busca a alguien que no quiere ser encontrado.
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En Benidorm, una madrugada de verano, una zodiac atraviesa aguas oscuras mientras Michela, policía nacional con un lado opaco, busca a alguien que no quiere ser encontrado. En la playa, entre turistas y restos de fiestas, la vida sigue su curso indiferente. Un grupo de música quiere tocar para unos empresarios rusos que acaban de llegar. Pero en este rincón de la costa, donde el turismo y el crimen conviven en silencio, cada acción tiene sus consecuencias.
La madrugada encuentra a Michela acelerando una zodiac en las aguas de Benidorm, lejos de la costa iluminada. En esa travesía nocturna, ella fuma mientras llama a alguien, luego arroja el cigarrillo al mar. Su nuevo corazón presagia desgracias. Al amanecer, llega a la playa de Finestrat con botas al cuello y preguntas. En el chiringuito de la orilla, busca a Martin, un joven músico que desapareció. El camarero guarda silencio cómplice. Lo último que sabe es que Martin estuvo en la rotisería de la estación a media mañana, comprando pollo.
Benidorm es cultura de playa, turismo británico y belga, gin-tonics aguados. Es un lugar donde los negocios ocurren en la penumbra: carreras ilegales de motos náuticas en el mar nocturno, apuestas, tráfico de sustancias. Michela no es solo policía. Lleva años viviendo en los márgenes de la ley, ganándose un porcentaje de cada carrera que organiza, conociendo a todo el mundo que importa en esos circuitos grises.
Martin toca en un grupo llamado Foneda Cox. Cuatro chicos jóvenes que sueñan con un contrato, con tocar en fiestas de verdad. Llega una oportunidad: los hermanos Kaminski, empresarios rusos que han comprado una villa inmensa, buscan música para su fiesta de inauguración. Pero para Martin llegar hasta ellos necesita contactos que no tiene. Michela sí los tiene. Le ofrece un trato: llevar un mechero.
El mechero de Reggie Kray. Uno de los gemelos del crimen organizado de Londres, leyenda ambigua del East End de los años cincuenta y sesenta. Un objeto de culto, un símbolo de poder. Michela lo posee y quiere introducirlo en la fiesta de los rusos, aunque nunca explica por qué.
Hay un apartamento en la duodécima planta donde Michela vive ahora, después de encontrar dos manos quemadas girando en un microondas. El cuerpo desapareció, el dueño también. La policía no investigó. Ella se quedó a vivir allí, en silencio. Martin no sabe nada de eso. Solo toca música, bebe cerveza, lleva camiseta de los Eels, y quiere ir a Barcelona. Pero primero, tiene que llevar ese mechero.
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