Una camioneta se aproxima a la Casa dels Canonges en Barcelona cargada con archivos que atravesaron la frontera en bidones de gasolina enterrados en viñedos franceses.
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Una camioneta se aproxima a la Casa dels Canonges en Barcelona cargada con archivos que atravesaron la frontera en bidones de gasolina enterrados en viñedos franceses. Durante cuarenta años de exilio, Josep Tarradellas acumuló más de dos millones de páginas de correspondencia, documentos oficiales y recortes de periódicos, meticulosamente clasificados. Este legado documental, custodiado desde 1979 en el monasterio de Poblet, constituye un testimonio decisivo sobre la lucha antifranquista y la historia de Cataluña en el siglo XX, resguardado bajo protocolos que restringieron su acceso durante décadas.
En la biblioteca de Saint-Martin-le-Beau, bajo tres butacas de tapicería verde y blanca, Josep Tarradellas conversaba hasta la medianoche con visitantes que llegaban desde Cataluña, Europa y América. En esos encuentros, el presidente de la Generalitat en el exilio ejercitaba su verdadera obsesión: reunir información y documentos sobre cuanto sucedía en España. Desde los diecisiete años, cuando participaba en organizaciones juveniles, Tarradellas guardaba cada papel que caía en sus manos. Durante la guerra civil, sus padres enterraron esa documentación en bidones de gasolina entre las viñas francesas, salvándola de registros del ejército alemán ocupante. A su regreso a Barcelona en 1977, transportó las cajas en una camioneta, preocupado por que franquistas rezagados pudieran interferir. Más tarde confió la custodia al monasterio de Poblet, donde reposan reyes de la Corona de Aragón y donde él contribuyó a la restauración. El archivo resultante, enriquecido con cuarenta y cinco legados personales e institucionales, reúne correspondencia con Juan Negrín, Diego Martínez Barrio, Santiago Carrillo y otros protagonistas de la Segunda República; documentos de presidentes como Francesc Macià y Lluís Companys; registros de actas, decretos y hasta especificaciones técnicas de armas fabricadas en Cataluña durante el conflicto. Tarradellas concedió acceso restringido hasta 2016, desconfiando de historiadores que —según su expresión— eran simplemente chismosos. No obstante, bajo autorización, la mayoría de ese patrimonio permanece consultable, revelando los entresijos de la política catalana, los contactos internacionales del exilio y los latidos de una nación que se negaba a ser olvidada.
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