Una maestra propone a sus alumnos de tres años marcar en un mapa simplificado los lugares que visitarán mañana. Así comienza la propuesta de Teubal y Guberman: los textos gráficos —dibujos, fotografías, mapas, calendarios— como…
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Una maestra propone a sus alumnos de tres años marcar en un mapa simplificado los lugares que visitarán mañana. Así comienza la propuesta de Teubal y Guberman: los textos gráficos —dibujos, fotografías, mapas, calendarios— como herramientas para que niños muy pequeños desarrollen pensamiento, comunicación y aprendizaje, sin esperar al dominio de la lectoescritura tradicional. Un enfoque que reconoce en cada trazo la intención significante del niño.
Una niña de tres años marca con un trazo en un mapa simplificado el parque donde jugará mañana. Sin dominar la escritura convencional, participa en un acto comunicativo genuino: usa un sistema de representación gráfica para expresar anticipación, ubicarse en el espacio, resolver un problema práctico. Esta escena se repite en las aulas donde Eva Teubal y Ainat Guberman, tras dos décadas estudiando cómo los niños construyen significado mediante lenguajes visuales, presentan su propuesta de alfabetización temprana.
El libro no trata de enseñar a leer o escribir convencionalmente. Aborda cómo dibujos, ilustraciones, fotografías, íconos, mapas y calendarios funcionan como herramientas cognitivas desde los dos años y medio. Cada lenguaje gráfico posee lógica propia: el dibujo narrativo sostiene historias que las palabras aún no contienen; el mapa construye razonamiento espacial; el calendario estructura experiencia temporal; los íconos condensan información.
Lo radical es que no separa aprendizaje de uso. Los niños no aprenden primero las reglas para aplicarlas después. Al usar estos sistemas para comunicar algo que importa—relatar eventos, registrar observaciones, guiarse en recorridos—los principios emergen naturalmente. Una maestra escucha qué significa el trazo del niño, discute su claridad representacional, ofrece alternativas, recupera el trabajo para mejorarlo. El lenguaje gráfico se refina por necesidades reales de comunicación.
Reconoce que no todos acceden más fácilmente al lenguaje verbal. Ofrecer múltiples sistemas —visual, espacial, temporal, simbólico— es ofrecer inclusión y permitir conceptualizar y expresarse a través de vías que honren singularidad. Las autoras defienden una alfabetización múltiple donde herramientas gráficas enriquecen y complementan el lenguaje oral sin jerarquías ni discriminaciones.
Anclado en contextos válidos: niños, aulas y familias reales en circunstancias diversas. No simplifica ni demanda materiales especializados ni formación hermética. Todo lo que existe en el aula sirve como recurso, haciendo la propuesta eminentemente práctica y replicable.
Teubal y Guberman confían en la capacidad emancipadora de la alfabetización. Cuando un niño formula palabras e imágenes propias usando múltiples lenguajes, accede a una voz autorizada en su comunidad. Este es el centro ético: no es técnica didáctica, sino apuesta por la dignidad cognitiva de la infancia.
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