Una sonda imperial descubre la base rebelde de Hoth, pero antes que los caminantes del Imperio lleguen, criaturas wampas de tres metros atacan coordinadamente la base.
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Una sonda imperial descubre la base rebelde de Hoth, pero antes que los caminantes del Imperio lleguen, criaturas wampas de tres metros atacan coordinadamente la base. En la batalla que sigue, pilotos de deslizadores de nieve idearán tácticas desesperadas para enfrentar los titánicos AT-AT.
El relato reconstruye los eventos de la invasión imperial de Hoth mediante los registros de Voren Na’al, analista rebelde que vivió la catástrofe desde el interior de la base.
Una sonda de búsqueda imperial, guiada por Darth Vader, desciende en Hoth y descubre el asentamiento rebelde camuflado. Aunque los rebeldes destruyen la máquina, sus lecturas tácticas completas ya han sido trasmitidas: defensas, trincheras, emplazamientos de artillería, todo cartografiado para la flota imperial.
Antes del asalto frontal llega un horror más inmediato. Las bestias wampas nativas, criaturas de tres metros con garras devastadoras, inician ataques sistemáticos contra el perímetro. Lo que comienza como un incidente aislado —un tauntaun muerto de cuello roto, Luke Skywalker atacado en la noche— se convierte en un cerco coordinado. Centinelas desaparecen arrastrados a través de túneles excavados en muros de hielo. Los aullidos atraviesan las noches heladas. Hasta que C-3PO y R2-D2 descubren que los pitidos de droides astromecánicos desencadenan furia incontrolable en las bestias, permitiendo a los rebeldes contenerlas con artillería pesada.
Cuando llega la batalla frontal, caminantes AT-AT imperiales avanzan sobre la base. Los deslizadores de nieve del Grupo Pícaro ejecutan maniobras coordinadas desarrolladas por Luke Skywalker y el táctico Beryl Chiffonage. Ataques en formación delta, maniobras de flanqueo cruzado, y una estrategia experimental pero devastadora: enredar las piernas de los caminantes con cables y arpones para hacerlos caer por su propio peso.
Pero el número de máquinas es abrumador. Voren Na’al, que entró con su holograbador como observador, abandona sus herramientas para blandir un rifle bláster junto a los soldados. En la carrera final hacia los transportes de evacuación, la base se desmorona bajo el fuego imperial. La retirada es inevitable, pero la audacia de los pilotos deja una marca de gloria en medio del caos.
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