En Cambridge, 1929. Un hombre de cuarenta años, exmilitar austriaco que ha abandonado la filosofía para ser maestro de escuela, regresa para defender una obra impenetrable: el Tractatus.
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En Cambridge, 1929. Un hombre de cuarenta años, exmilitar austriaco que ha abandonado la filosofía para ser maestro de escuela, regresa para defender una obra impenetrable: el Tractatus. Su tesis doctoral será tan desconcertante que uno de sus examinadores, Bertrand Russell, dirá no haber presenciado nada tan absurdo. Ese mismo año, en un hotel de Davos, un pensador llegará a representar una ruptura radical con la filosofía académica. Estos encuentros marcan una bifurcación decisiva en el pensamiento del siglo XX.
Cambridge, 18 de junio de 1929. Un examen de doctorado concluye con una frase que define una época: «No se preocupen, sé que jamás lo entenderán». Quien la pronuncia es Ludwig Wittgenstein, un austriaco que una década atrás había trabajado como maestro rural después de abandonar la filosofía, convencido de haber resuelto todos los problemas del pensamiento. Ahora regresa ante Bertrand Russell y George Moore para defender el Tractatus logico-philosophicus, esa obra hermética que entre aforismos oscuros y sentencias místicas ha llegado a dominar las discusiones de Cambridge pese a que nadie afirma haberla comprendido.
El mismo año, en Davos, en un hotel balneario suizo que recuerda la atmósfera irreal de La montaña mágica, ocurre otro encuentro que los historiadores considerarán un punto de quiebre. Martin Heidegger, hijo de sacristán de Baden que acaba de publicar El ser y el tiempo, desafía deliberadamente la etiqueta académica. Mientras Ernst Cassirer, vástago de una familia industrial judía berlinesa, encarna la tradición, la erudición y la contención del establishment filosófico alemán, Heidegger se niega a ocupar su asiento reservado. Se mezcla entre los estudiantes. Rechaza las formas. Anuncia una ruptura.
Esta narración recorre la trayectoria de estos tres filósofos en el año que marca una bifurcación en el pensamiento del siglo XX. El libro examina cómo se comunica lo que no puede decirse, cómo se transmite una verdad cuando el lenguaje mismo es el obstáculo. De la escalera de proposiciones sin sentido que debe desecharse tras subir, hasta el rechazo de Heidegger a las convenciones que sofocaban el auténtico filosofar, teje encuentros y conflictos que revelan las tensiones profundas de una década que cambió el curso de la cultura occidental.