Amanda Sinclair descubre por boca de una compañera de universidad que está comprometida con Derek Hamilton, un heredero rebelde y adictivo. Lo que en principio parecía un rumor, se confirma en el despacho de su padre: el compromiso es una…
Descargar
Amanda Sinclair descubre por boca de una compañera de universidad que está comprometida con Derek Hamilton, un heredero rebelde y adictivo. Lo que en principio parecía un rumor, se confirma en el despacho de su padre: el compromiso es una estrategia empresarial para diversificar el imperio Sinclair hacia el negocio hotelero. Amanda, una joven adoptada cuya vida ha girado en torno al cumplimiento de deberes y al silencio emocional, debe aceptar lo que ha sido decidido por otros sin su consentimiento.
En la biblioteca de una prestigiosa universidad neoyorquina, Amanda Sinclair se entera de que está comprometida con Derek Hamilton cuando una compañera malintencionada le muestra una revista con la noticia. Lo que parece ser un rumor o una broma cruel se confirma esa misma noche: su padre, David Auguste Sinclair, ha decidido casarla sin consultarla.
Amanda es una joven de veintidós años que fue adoptada a los seis años por una familia de enormes recursos. Su vida ha sido moldeada por expectativas inquebrantables: educación de élite, idiomas, deportes, comportamiento impecable. No lloraba en los funerales, no protestaba ante las decisiones, no cuestionaba. Portarse como una Sinclair significaba existir sin deseo propio, sin voz.
El compromiso con Derek Hamilton, un heredero problemático conocido por sus excesos y enfrentamientos con la autoridad, no es fruto del azar ni del romance. Es una estrategia empresarial. Su padre necesita capital para expandir su imperio inmobiliario hacia el negocio hotelero de lujo. Los Hamilton, a pesar de su riqueza, enfrentan problemas financieros y de reputación. El matrimonio resuelve ambos lados: dinero fresco para ellos, acceso al mercado hotelero para los Sinclair.
Amanda descubre en el despacho de su padre que es, simplemente, una pieza en un juego de ajedrez empresarial. Lo que duele no es tanto el matrimonio forzado como la confirmación de que nunca ha sido verdaderamente valorada, ni siquiera por quien dice ser su padre. Una lágrima cae por su mejilla en ese momento, algo que rara vez le permite en público, y su padre le recuerda que las Sinclair no lloran.
Esa noche, mientras espera el primer encuentro con los Hamilton, Amanda enfrenta una realidad incómoda: debe decidir si continuará siendo la muñeca perfecta que construyó durante veintidós años, o si encontrará la valentía para cuestionar el destino que otros han escrito para ella.