Una mujer descubre algo revelador en la ducha. Horas después, Aura Reyes está esposada contra el capó de un coche patrulla en la madrileña calle Serrano, con sus dos hijas esperándola solas en casa.
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Una mujer descubre algo revelador en la ducha. Horas después, Aura Reyes está esposada contra el capó de un coche patrulla en la madrileña calle Serrano, con sus dos hijas esperándola solas en casa. Lo que comienza con un bote de champú del Mercadona y un malentendido en una tienda desata una cascada inevitable. En un Madrid lluvioso donde la dignidad cede ante la realidad de las esposas y los procedimientos de la ley.
La novela comienza en la ducha. Aura Reyes sostiene dos botes de champú del Mercadona cuando una revelación la golpea como una manzana sobre la cabeza de Newton: ya no puede ver la vida de la misma forma, nunca más. Tres horas después, esa epifanía cotidiana se convierte en desastre. Su rostro golpea el capó de un coche patrulla en la calle Serrano bajo luces estroboscópicas. Las esposas cierran con doble crujido. Los policías la arrastran mientras ella grita por sus hijas y los transeúntes fotografían el espectáculo.
Aura tiene cuarenta y cinco años. Es viuda, madre de dos niñas que dejó solas en casa hace poco. Tiene un ingreso en prisión programado para dentro de tres semanas. En el asiento trasero del coche patrulla, mientras la transportan hacia la comisaría, comprende que la noche será larga. Lo que le espera es un viaje por escaleras y barrotes, habitáculos minúsculos donde funcionarios con guantes de látex la desnudan, corrales de espera bajo fluorescentes baratos, y finalmente una celda en el semisótano pintada en verde vómito y gris cieno.
A través de todo ello, Aura grita por dentro lo que no puede decir afuera: sus hijas están solas, la esperan, tienen miedo. Porque en el momento en que los Servicios de Tutela se enteren de su situación, todo se desmorona. La novela atrapa el sistema de justicia como una pesadilla lúcida, iluminada por fluorescentes baratos, donde la brutalidad convive con extraños actos de compasión que resultan más angustiosos aún que la crueldad.