Una mujer que lleva escrita la palabra «éxito» en la frente, aunque vista uniformes de grandes almacenes, cuenta su vida como quien redacta un currículum extravagante.
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Una mujer que lleva escrita la palabra «éxito» en la frente, aunque vista uniformes de grandes almacenes, cuenta su vida como quien redacta un currículum extravagante. Desde su infancia en colegios de monjas hasta un atropello que casi la mata, Violeta Niebla narra sus reinventos constantes, sus trabajos precarios, su relación con una madre que poetiza sus quehaceres cotidianos, y su matrimonio de conveniencia hipotecaria con Alessandra. Un texto donde la autoficción y la realidad se confunden en anécdotas de humor absurdo y brutales confesiones.
Una joven se despierta boca abajo sobre un paso de peatones, con sangre junto a su cabeza. Así comienza la vida de Violeta Niebla, quien lleva escrita la palabra «éxito» en la frente aunque sus uniformes hayan sido variados: el gris de colegiala de monjas, el rojo de Toys «R» Us.
En estas páginas, Violeta estructura su vida como un currículum vitalicio donde cada apartado es una pequeña explosión de sinceridad y absurdo. Sin vocación clara, ha aceptado trabajos precarios porque siempre imagina que la próxima oportunidad abrirá una puerta nueva. Se adapta, se reinventa, se inventa ocupaciones si es necesario: fantasea con ser escritora en el autobús, se presenta como psiquiatra en una cena.
Su cuerpo la precede: huele bien en cualquier momento, incluso cuando suda. Gasta dinero en ropa sin esperar rebajas; sus zapatos de 175 euros merecen que la gente se arrodille. Es su marca personal, junto con la cicatriz de la cabeza que le quedó del atropello en su calle a mediodía.
Su madre, viuda desde antes de que Violeta naciera, narra la vida cotidiana con entonación de poeta. Ducharse es gesta épica, fregar platos evento digno de noticiero. Hablan cada día. La madre quiere saber cuánto dinero tiene Violeta en el banco, desglosando sus ganancias con precisión de contador.
Con Alessandra, su pareja, Violeta se casó en la oficina más fea imaginable de un notario, sin anillos previstos, con resaca y tres horas de sueño. Motivo: descuento hipotecario. Aless se encarga de los detalles; Violeta, de la burocracia. Fue Aless quien bajó escaleras de cuatro en cuatro cuando llegó la ambulancia tras el atropello.
En su formación académica, Violeta fue más creativa burlando exámenes que estudiando. Prefería elaborar planes para copiar: el cambiazo, escrituras en bordes de pizarras donde profesores nunca miraban. Solo aprobaba lo que le interesaba. Tras nueve meses en Irlanda aprendió inglés con acento dublín, pero completó una Filología Inglesa cuyo título nunca fue a recoger.
Este es un relato donde autoficción y verdad se solapan, donde atropellos se romantizan, donde trabajos precarios devienen anécdotas brillantes, y donde una mujer decide vivir como el personaje de novela que está escribiendo.
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