En verano de 1962, mientras el presidente recibe información sobre misiles nucleares soviéticos en Cuba, la novela retrocede un año a Copenhague. Allí, Michael Nordstrom, jefe de inteligencia de la ININ, recibe una llamada del misterioso…
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En verano de 1962, mientras el presidente recibe información sobre misiles nucleares soviéticos en Cuba, la novela retrocede un año a Copenhague. Allí, Michael Nordstrom, jefe de inteligencia de la ININ, recibe una llamada del misterioso Boris Kuznetov, quien se presenta como desertor de la KGB. Lo que comienza como un encuentro cauteloso se convierte en una operación de espionaje meticulosa que entrelaza destinos personales con la historia de una era.
Una mano experta conduce un automóvil desde las afueras de Washington hacia la capital. El comisario McKittrick viaja nervioso, portando documentos que contienen información devastadora. Acompañado por evaluadores de datos competentes, se dirige a una reunión donde deberá informar al presidente que la Unión Soviética está instalando rampas de cohetes armados con cabezas nucleares en Cuba, apuntando hacia territorio estadounidense.
Pero la novela retrocede un año. Nos trasladamos a Copenhague, donde los jardines del Tívoli respiran una magia tranquila. Michael Nordstrom, jefe de la red de inteligencia entre naciones aliadas, disfruta una tarde con colegas escandinavos en la terraza del Wivex Restaurant. La experiencia de paz de la ciudad contrasta abruptamente cuando un camarero lo llama: alguien con acento ruso pronunciado se identifica como Boris Kuznetov, oficialmente jefe de división de la KGB, buscando desertar.
Lo que sigue es una cuidadosa operación de espionaje. Nordstrom debe verificar si se trata de un desertor genuino o de una trampa soviética para comprometer a la inteligencia estadounidense. Despacha a su subalterno, Sid Hendricks, a un museo de arte donde debe establecer contacto con el supuesto desertor. Los encuentros furtivos a través de los jardines públicos de Copenhague, las precauciones de seguridad en una suite del Palace Hotel, y los diálogos que revelan motivaciones personales más allá de la Guerra Fría, conforman un relato donde la supervivencia podría depender de decisiones tomadas en salas oscuras.