En una noche de verano, Grover corta una rosa para Madge, su esposa. Ella lo besa con pasión, luego se quiebra en llanto histérico y lo ataca cuando él intenta acercarse.
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En una noche de verano, Grover corta una rosa para Madge, su esposa. Ella lo besa con pasión, luego se quiebra en llanto histérico y lo ataca cuando él intenta acercarse. Este episodio resume el matrimonio de Grover Danford, dueño de una finca de ponies en Tennessee. Madge rechaza constantemente su amor, desaparece en frecuentes viajes a Nashville y se rehúsa a tener la familia que él desea. Atrapado entre la esperanza y la frustración, Grover espera pacientemente que su esposa cambie.
En una cálida noche de verano, mientras pasean por el jardín de la mansión blanca, Grover saca su cortaplumas y corta una rosa roja. Madge la recibe con ternura inesperada: lo rodea del cuello con los brazos y lo besa apasionadamente. Por un momento, parece que algo ha cambiado. Pero la escena se quiebra casi al instante. Sollozando sin control, ella confiesa su deseo de amarlo, su incapacidad absoluta de hacerlo. Cuando Grover, esperanzado, intenta llevarla a su alcoba, ella sufre una reacción histérica, lo ataca clavándole las uñas en el rostro, y grita que la deje en paz. Esa noche resume lo que ha sido el matrimonio de Grover Danford desde el primer día. Grover heredó la finca de ponies Shetland que su padre edificó durante cuarenta años en las colinas onduladas de Tennessee, cerca del pueblo de Wolverton. Es un hombre alto, de maneras consideradas, que ha dedicado su vida a criar y entrenar los pequeños caballos que vende a mayoristas y operadores de ferias en todo el país. Conoció a Madge en un baile de exalumnos tras un partido de fútbol universitario, se enamoró profundamente, y creyó que casarse le permitiría formar la familia que siempre deseó. Pero desde el primer día, Madge rechazó los aspectos más íntimos del matrimonio. No hubo luna de miel. Se negó a la primera noche de bodas con excusas médicas vagas. Desde entonces duerme en alcoba separada y encuentra constantemente razones para evitar cualquier contacto: resfriado, dolor de cabeza, dolor de espalda. Más perturbador aún es que parece incapaz de vivir en la finca. Se aburre de la vida rural, echa de menos las fiestas de Nashville, y desaparece sin aviso, llevándose el costoso convertible rojo que Grover le compró. Grover permanece paciente, siempre esperanzado. Compró una elaborada carreta de mimbre para que ella pasee en pony. Jim Whittaker, el capataz que ha trabajado en la finca desde la infancia de Grover, observa todo con disgusto. Cuando Madge sale velozmente sin despedirse, Whittaker le dice a Grover lo que piensa: que una esposa no debe tratarse así. Pero Grover sigue esperando, sigue amando, atrapado en un matrimonio donde su esposa parece consumida por algo que no puede explicar.
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