En una cafetería de Majadahonda, a fin de año, Francisco Umbral y Eduardo Martínez Rico dialogan sobre la necesidad del escritor de escribir contra sí mismo.
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En una cafetería de Majadahonda, a fin de año, Francisco Umbral y Eduardo Martínez Rico dialogan sobre la necesidad del escritor de escribir contra sí mismo. Lo que comenzó como un proyecto de autocrítica feroz se convierte en un libro de conversaciones donde el autor disecciona su obra, su vida y su papel en la literatura y la política española. Un retrato donde las contradicciones se vuelven coherencias y la mentira literaria se confunde con la verdad vivida.
Nochevieja de 2002 en Majadahonda. Eduardo Martínez Rico y Francisco Umbral se citan en la cafetería que frecuentan habitualmente. Umbral sale de su casa con un chaquetón azul y una larga bufanda blanca, listo para una conversación que seguiría los caminos de su anterior libro de entrevistas, pero que habrá de tomar un giro inesperado. Lo que nace con la intención de que el escritor escriba contra sí mismo, de que destruya su propia estatua literaria, de que ejerza la más implacable autocrítica, se revela gradualmente como un proyecto distinto: un diálogo donde las máscaras se agrietan pero nunca del todo, donde la verdad y la mentira se entremezclan de manera irresuelta.
Estas conversaciones recorren la vida y la obra de Umbral con el rigor de quien desea conocer, no la benevolencia de quien admira sin cuestionamiento. Martínez Rico se posiciona deliberadamente entre el admirador incondicional y el crítico adverso, buscando que el escritor desplegara sus verdades tanto como sus simulaciones. El resultado es un retrato donde Umbral aparece como periodista de sí mismo, alguien que ha interiorizado la actualidad en su prosa hasta convertirla en algo propio, político, estético y sentimental.
El libro abre con la tentativa casi filosófica de que Umbral se lance contra su propia obra y pensamiento. Habla de la necesidad de derribar estatuas, de recapitular, de discriminar entre lo que merece preservarse y lo que debe desecharse. Sin embargo, cada intento de autocrítica se ve suavizado por una supervivencia que es tan humana como artística. Las contradicciones del escritor se convierten en sus coherencias más profundas, como si la fragmentación fuese su verdadera forma de unidad.
Lo que distingue este libro de otros encuentros entre intelectuales es que no pretende ser un ensayo dialogado ni una mera recopilación de entrevistas. Es un tejido donde la conversación se ve interrumpida por la vida real, donde el presente irremediable invade el recuerdo y la reflexión. En el trasfondo están los eventos que acompañaron su elaboración: el Premio Cervantes que Umbral recibió en el año 2000, los atentados del 11 de septiembre, la crisis mundial, la publicación de Un ser de lejanías. Estas circunstancias rodean y penetran los diálogos, haciendo que cada conversación sea a la vez íntima y urgente, personal y política.
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