Moresby desciende en Puerto Príncipe con una misión doble: encontrar a su esposa y eliminar a un fugitivo. La borrachera de diez horas en el avión apenas le da tiempo para recuperarse del viaje antes de enfrentar al régimen de Duvalier.
Descargar
Moresby desciende en Puerto Príncipe con una misión doble: encontrar a su esposa y eliminar a un fugitivo. La borrachera de diez horas en el avión apenas le da tiempo para recuperarse del viaje antes de enfrentar al régimen de Duvalier. Su encuentro con la doctora Ellen revela una trampa brutal: ella ha sido torturada por la policía mientras lo aguardaba. Las quemaduras químicas previas en sus manos ahora acompañan moretones de una paliza salvaje. Moresby descubre que en Haití, el poder golpea sin piedad.
Moresby baja del avión en Puerto Príncipe después de más de diez horas de borrachera. Apenas puede mantenerse en pie sobre la escalerilla del aparato, y lo que ve ante sí —el cielo metálico de Haití, los mosquitos, las palmeras ruidosas— le causa una sensación de asco visceral. Un policía de gafas negras lo detiene en tierra, pero su ingenio le permite pasar por la aduana sin mayores inconvenientes, aunque debe entregar una pistola oculta. Su razón declarada para entrar al país es reunirse con su esposa. Su verdadera intención es asesinar a un hombre.
Durand llegó a Haití tres meses atrás buscando refugio en la corrupción política. Vive en un hotel de lujo en la playa, rodeado de lujos y compañía femenina. Una noche, Moresby lo sorprende en su habitación con una joven mulata. No hay diálogo prolongado: una voz metálica ordena ponerse en pie, un arma aparece en la ventana del fondo, y todo sucede con la velocidad del acero. Los disparos silenciados suenan como taponazos de champagne barato. Durand cae, y Moresby desaparece en la oscuridad tropical.
Pero cuando finalmente llega al hotel Cantón en Port au Prince buscando a Ellen, su esposa, la situación se invierte. Ella está tendida en una cama, apenas consciente. Su cuerpo está cubierto de moretones violáceos. Sus manos, ya deterioradas años atrás por un accidente químico que la dejó con cicatrices de ácido nítrico, ahora necesitan guantes blancos no solo por las quemaduras antiguas, sino por los golpes recientes. Un policía de las gafas negras le comunica la verdad con calma burocrática: la han torturado. La dejarán morir. Fue una trampa esperando su llegada.
La rabia de Moresby es atómica. Su disciplina de agente secreto se quiebra como vidrio. Intenta estrangular al policía con las manos desnudas, pero otros lo golpean con la culata de un revólver y pierde la conciencia. Cuando despierta, está en una butaca de cuero rojo en una oficina del hotel, ventiladores runruneando sobre su cabeza, sin saber qué ha ocurrido después. Nada importa ya sino Ellen, sino la venganza contra la máquina estatal que la ha destrozado.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.