Un agente del C.I.A. es enviado a Viena en una misión urgente: recuperar un microfilm que contiene los planos de un avión supersónico diseñado por un inventor checo.
Descargar
Un agente del C.I.A. es enviado a Viena en una misión urgente: recuperar un microfilm que contiene los planos de un avión supersónico diseñado por un inventor checo. William Mac Tavish debe encontrar a la hija del difunto inventor, María Dvorak, que se oculta en el sector ruso de la ciudad ocupada. Armado solo con un protocolo de reconocimiento y una pistola, deberá navegar una ciudad dividida por la Guerra Fría, enfrentarse a bandas criminales incontroladas y sacar a la joven del territorio controlado por los soviéticos antes de que el enemigo logre sus objetivos.
En Washington, dentro de la sede central del C.I.A., un agente joven es convocado por su superior con una orden que no admite demora. William Mac Tavish, hombre de tez curtida y mirada azul, elegancia natural que emana de sus gestos y su porte, ha sido seleccionado para una misión de vida o muerte. Su jefe le revela que un inventor checo llamado Dvorak diseñó un avión supersónico propulsado por energía nuclear, una máquina que proporcionaría ventaja militar decisiva a quien la poseyera. El inventor fue asesinado y sus planos desaparecieron, pero su hija María logró sacar un microfilm con toda la información técnica antes de que los documentos fueran destruidos.
María Dvorak se oculta ahora en el sector ruso de Viena. Su ubicación es desconocida, su nombre falso, su apariencia oculta tras capas de anonimato. Un agente norteamericano llamado Ellis logró establecer contacto con ella pero fue asesinado. Sin embargo, antes de morir dejó instrucciones cifradas: debe acudir a un club nocturno llamado Casanova, llevar una flor específica en el ojal, y responder a frases cuidadosamente codificadas que funcionan como contraseña.
Mac Tavish viaja a través del Atlántico hacia Viena, una ciudad fracturada por la posguerra. Allí encuentra una metrópolis dividida en sectores controlados por americanos, franceses, ingleses y rusos. Las calles muestran cicatrices de la guerra: escombros al lado de edificios intactos, faroles amarillos iluminando el vacío de la destrucción. Pero hay algo más inquietante: en esas mismas calles operan bandas criminales que actúan desde el territorio ruso, protegidas oficialmente por el silencio de las autoridades. Su misión transcurre bajo vigilancia constante, entre amigos encontrados por azar y enemigos desconocidos.