En Tulsa, ciudad dominada por el caos del boom petrolero, John Heat controla los saloons y la corrupción mediante el terror. Cuando mata al editor del periódico Sentinel, la multitud lo arrastra hacia la horca.
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En Tulsa, ciudad dominada por el caos del boom petrolero, John Heat controla los saloons y la corrupción mediante el terror. Cuando mata al editor del periódico Sentinel, la multitud lo arrastra hacia la horca. Un forastero, Stevie Jordan, antiguo abogado sin escrúpulos, interviene para salvarlo. John, agradecido, lo convierte en socio de sus negocios. Ahora Stevie debe navegar entre la avaricia, la venganza y el poder, consolidando su dominio en una ciudad donde la ley es ficción y el dinero lo compra todo.
En Tulsa, durante el apogeo de la explotación petrolera, la ciudad se ha transformado en un centro de especulación desenfrenada. Cien saloons se alzan como templos del vicio, mil mujeres trabajan en ellos, y tantos derricks se clavan en la tierra como ambiciones de fortuna rápida. Los ranchos han desaparecido, reemplazados por torres de perforación. Pero la prosperidad es un espejismo: abundan las estafas, los pozos secos que vomitan solo agua salada, y los especuladores que viven del engaño.
John Heat ha hecho suya la ciudad. Controla los saloons con puño de hierro, comanda un ejército de maleantes que ejecutan su voluntad. Su local, el Olimpo, es el más amplio, el más concurrido, el más corrupto. Sus ojos grises brillan de avaricia cada noche cuando cuenta los ingresos de sus mesas de juego y sus empleadas. Es una ley del terror la que impone.
Cuando el editor del Sentinel, Austen, entra al Olimpo para advertir que su periódico iniciará una campaña de saneamiento, John pierde el control. Sin titubear, dispara. Minutos después, la ciudad entera irrumpe en el local: ganaderos, mineros, ciudadanos ofendidos. Lo sacan a golpes, lo arrastran hacia una cuerda, hacia la muerte.
Entonces surge un forastero impecablemente vestido, Stevie Jordan. Antiguo abogado expulsado por cuestiones éticas, convertido en especulador fracasado, sabe reconocer una oportunidad. Sube al carretón y habla. Su elocuencia es irresistible: convence a la multitud de que el linchamiento es un retroceso, que la ley federal los castigará, que el juicio es el camino correcto. Heat es salvado.
En la cárcel, días después, Stevie acude con un documento. No disimula: su intención es clara, descarada, cínica. Pide ser socio del cincuenta por ciento de los negocios de Heat a cambio de administrarlos mientras John permanece encerrado. Promete resultados, no honestidad. Heat, sorprendido por la audacia brutal de este hombre, acepta y firma.
Stevie toma el control del Olimpo y los otros locales. Propone innovaciones que prometen ingresos insospechados. Convoca a los dueños de locales en una reunión clandestina. Su plan es ambicioso: instituir un impuesto de protección que toda empresa deba pagar, centralizar los fondos, usarlos para defensa mutua y para adquirir un periódico que combata al Sentinel y a Letty Shelton, la hija del editor asesinado.
Entretanto, Ida, la compañera de Stevie, observa con desconfianza. Intuye que nada en este mundo es gratuito, que los gestos de John Heat esconden cálculos más profundos, que el poder que Stevie ahora ostenta está construido sobre arenas movedizas. Tulsa es una ciudad donde la moral es un lujo, donde el dinero compra lealtades y la violencia resuelve disputas. En este infierno de petróleo y ambición, Stevie ha apostado todo a su inteligencia y su cinismo. Pero Letty Shelton, fuerte y decidida, se levanta contra él. La batalla por el alma de Tulsa apenas comienza.
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