Alisa oculta su tristeza bajo una sonrisa perfecta mientras trabaja como criada en un castillo escocés. Con la llegada de Owen, el misterioso hijo del difunto señor Alec, todo comienza a transformarse.
Descargar
Alisa oculta su tristeza bajo una sonrisa perfecta mientras trabaja como criada en un castillo escocés. Con la llegada de Owen, el misterioso hijo del difunto señor Alec, todo comienza a transformarse. Su presencia seria y reservada despierta en ella sensaciones inquietantes. Entre los muros de piedra de Inverness, ella deberá lidiar con sentimientos que la asustan reconocer.
Se secaba las lágrimas con cuidado mientras miraba su reflejo en el espejo. Alisa tenía veintiséis años y cuatro de ellos los había pasado trabajando como criada en un castillo de piedra gris ubicado en Inverness, Escocia. Cada mañana se despertaba con el corazón encogido, sollozando en silencio, pero antes de atravesar la puerta cubría ese dolor con una sonrisa ensayada que nadie parecía cuestionar.
El castillo, con sus tejados negros y amplias salas, había sido durante años el dominio del señor Alec McKay, un hombre anclado en el pasado que creía que su riqueza lo hacía importante. Alisa había trabajado bajo sus órdenes junto a Penny, la cocinera principal, quien se convirtió en su compañera de confidencias.
Hace poco más de un mes, el señor Alec falleció. Su hijo, Owen, había permanecido durante años como un fantasma en la familia, viviendo en Edimburgo, sin contacto alguno con su padre. Pero Owen llegó sin aviso en la madrugada, y desde ese primer encuentro en la cocina todo cambió.
Era un hombre alto, de cabello rubio y ojos azules, con un semblante tan serio que parecía llevarlo como una segunda piel. Rondaba los cuarenta años pero se le veía más joven, cuidado con una presencia que hacía perder la respiración. Lo primero que hizo fue cambiar las reglas: dijo que no necesitaban uniformes, que dejaran de servirle en horarios fijos, que comieran cuando quisieran y descansaran cuando lo necesitaran.
Un hombre completamente diferente a su padre. Pero lo que más descolocaba a Alisa era cómo la miraba: una mirada fija, penetrante, como si buscara algo en ella que ella misma desconocía. Mientras Penny encontraba felicidad en su relación con Athol, el encargado de los jardines, Alisa descubría que dentro de ella despertaba algo que la aterraba: una atracción irresistible hacia su nuevo jefe. Cada vez que él la miraba, sus nervios se disparaban. No era normal lo que Owen le hacía sentir.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.