En un salón de baile londinense, una mujer desconocida tropieza frente al duque de Carisbrook. Bajo la identidad de Lady Emma Seaton, Emerald ocultaba una misión que la expone al peligro: recuperar el bastón de su padre que el duque posee.
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En un salón de baile londinense, una mujer desconocida tropieza frente al duque de Carisbrook. Bajo la identidad de Lady Emma Seaton, Emerald ocultaba una misión que la expone al peligro: recuperar el bastón de su padre que el duque posee. Años atrás, él lo mató, y ahora ella debe brillar en los salones ingleses mientras esquiva preguntas sobre su extraño acento y sus peculiares costumbres. Con apenas fondos y creciente desesperación, Emerald tramará encuentros que le permitan acercarse al duque sin que descubra su verdadera identidad.
Londres, mayo de 1822. Un encuentro fortuito en un baile de la alta sociedad marca el inicio de una mascarada peligrosa. Emerald, quien se presenta como Lady Emma Seaton, una sobrina provincial de la condesa de Haversham, no pertenece a ese mundo de terciopelos y susurros maliciosos. Su verdadera identidad está enterrada en el pasado: es la hija de un hombre que el duque de Carisbrook asesinó años atrás en el extranjero.
Llegada a Londres con apenas recursos económicos y una tía envejecida que depende de ella, Emerald persigue un objeto específico: un bastón de ébano tallado, adornado con esmeraldas y rubíes, que su padre una vez ocultó. La historia que la trajo hasta aquí es simple pero urgente: el duque, según los rumores que sus aliados escucharon en los puertos de Kingston, portaba ese bastón en Londres. Bajo su montura de marfil descansa un pestillo secreto, y en su interior, un mapa que promete riquezas suficientes para salvarla de la ruina.
La estrategia de Emerald es deliberada. Tropieza frente al duque en un momento calculado, cae en sus brazos, y aprovecha ese instante de cercanía para estudiar a su enemigo. Es un hombre imponente, de presencia inevitable, con ojos que parecen ver más de lo prudente. Su andar revela una cojera que sugiere una vieja herida. Ella sabe que debe mantener la distancia, que cada gesto falso la acerca más al descubrimiento, pero la proximidad despierta en ella sentimientos que no esperaba: una atracción peligrosa hacia el hombre que ella vino a despojar.
La vida en Inglaterra es un laberinto de costumbres incomprensibles. Emerald come como si cada plato fuera su última comida, una costumbre que genera susurros. Su ropa, adquirida en mercadillos de segunda mano, es demasiado sencilla y demasiado corta. Cada detalle amenaza con desenmascarar a la impostora que camina entre la aristocracia. Mientras corre contra el reloj, Emerald debe decidir si está dispuesta a cruzar líneas que no puede descruzar.