En el despacho de un colegio religioso, la madre de Ernesto escucha al padre Lanz expresar inquietud sobre el adolescente de dieciséis años. Aunque inteligente y devoto, el sacerdote percibe en él una resistencia silenciosa que lo…
Descargar
En el despacho de un colegio religioso, la madre de Ernesto escucha al padre Lanz expresar inquietud sobre el adolescente de dieciséis años. Aunque inteligente y devoto, el sacerdote percibe en él una resistencia silenciosa que lo distingue. La conversación revela el miedo de una viuda a que su hijo herede las ideas del padre ausente, un intelectual de fe quebrada que considera veneno.
En una tarde de internado católico, doña Loreto se encuentra con el padre Lanz. El sacerdote expresa inquietud sobre Ernesto, un muchacho de dieciséis años extraordinariamente inteligente. No ha cometido falta abierta, pero hay en él una resistencia silenciosa, una ironía soterrada que no encaja en el molde de obediencia que el colegio espera.
El padre Lanz practica un método que busca inocular en los jóvenes una vacuna intelectual contra el veneno de las ideas modernas. Quiere despertar pensadores católicos de altura y protegerlos contra el relativismo que circula en las universidades. Pero en Ernesto ha advertido algo más inquietante que la rebeldía abierta: una reticencia tranquila, un no plegarse que no se manifiesta en actos concretos sino en la atmósfera misma de su presencia.
La madre reconoce la preocupación del sacerdote como propia. No encuentra faltas en su hijo, pero siente el fantasma del padre ausente: un hombre de talento que se marchó hace diez años, un intelectual que enseña lo que ella considera herejía. Ha tratado de sellarlo todo con disciplina religiosa—el rosario cada noche, la comunión frecuente—pero intuye que nada basta contra esa herencia de sangre.
El padre Lanz se ofrece como director espiritual. La madre acepta con fervor. Pero cuando Ernesto se entera, algo se quiebra. En su cuaderno privado—hallazgo de la madre registrando la habitación—no aparecen blasfemias sino preguntas: interrogantes sobre la riqueza en el reino de Dios, perplejidades teológicas anotadas por una mano que toma en serio la fe que estudia.
El enfrentamiento es inevitable y violento. Cuando la madre intenta obligar a Ernesto a someterse, él se rebela: «Las almas son libres». Asustada por esa libertad que brota de su propio hijo, ella golpea. El muchacho se encierra, la madre se desmorona, y entre ambos queda una pregunta sin respuesta: ¿es realmente Ernesto quien ha cambiado, o es ella quien finalmente lo ve?
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.