Manuela atiende llamadas en la guardia nocturna de Navidad 2019 desde el sótano de un edificio administrativo. Un usuario anónimo le propone tomar café; ella rechaza mencionando a su marido.
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Manuela atiende llamadas en la guardia nocturna de Navidad 2019 desde el sótano de un edificio administrativo. Un usuario anónimo le propone tomar café; ella rechaza mencionando a su marido. Así comienza la historia de una mujer de cincuenta años, funcionaria en un pueblo pequeño, que navega los años previos a la pandemia y luego el confinamiento de 2020, donde la convivencia forzada con su marido, hijo y suegra la desmorona. Sin dramatismo, sin filtros, Manuela cuenta su vida ordinaria: monótona, cansada, real.
En la madrugada de Navidad 2019, Manuela atiende llamadas telefónicas desde el sótano de un edificio administrativo en la capital provincial. Es funcionaria informática, cincuenta años, recientemente divorciada. Un usuario anónimo le propone tomar café; ella rechaza mencionando a su marido. Así comienza este relato sin ornamentos, donde la protagonista se presenta con brutal honestidad: media melena castaña sin gracia, kilos de más concentrados en la barriga, cincuenta años vividos sin excesiva gloria.
Lo que sigue es la crónica minuciosa de una vida ordinaria en un pueblo español de seis mil habitantes. Manuela convive con Manuel, su marido, y su hijo, empleados ambos que comparten poco tiempo bajo el mismo techo. Su suegra llena la casa durante las festividades, invadiendo la cocina con olores y ruidos constantes, cocinando para una multitud aunque sean apenas tres en la familia. En estas páginas hay poco brillo, poco glamour: cansancio, rutina, un desencanto callado y persistente. Manuela duerme cuando puede, ve series en su tablet, juega al Candy Crush. Sus únicas fugas son los personajes ficticios que sufren amores cinematográficos.
Cuando en 2020 llega el confinamiento obligado, la convivencia se vuelve insoportable. Su marido teletrabaja en otra habitación porque dice que ella habla demasiado. Su hijo juega toda la noche en el ordenador, con el ciclo de sueño completamente invertido. Su suegra cocina sin descanso. Las paredes de la casa se cierran. Durante noventa y nueve días, Manuela siente que se ahoga, que la intimidad desaparece, que algo esencial se resquebraja sin remedio. El virus avanza en las noticias, primero lejano, luego cercano, inevitable, transformador.
Esta novela rechaza el héroe que todo lo resuelve. No ofrece pasión desbordada ni dramatismo. Ofrece la verdad sin filtros de una mujer de mediana edad navegando su descontento, su soledad compartida, el humor áspero como única brújula. Un retrato exacto de lo que significa pasar desapercibida en la propia vida, hasta ese momento en que algo se quiebra y todo cambia irremediablemente.
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