Un ingeniero de agua a cargo de un pantano descubre una niña de ojos azules en el cortijo que tiene arrendado. Impactado por su presencia y movido por la ilusión de tener la hija que su matrimonio no le ha permitido, sugiere a los humildes…
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Un ingeniero de agua a cargo de un pantano descubre una niña de ojos azules en el cortijo que tiene arrendado. Impactado por su presencia y movido por la ilusión de tener la hija que su matrimonio no le ha permitido, sugiere a los humildes padres que la niña se críe en su casa. Lo que comienza como un ofrecimiento generoso abrirá una historia de deseos, sacrificios y las consecuencias inesperadas de alterar las vidas ajenas en busca de la propia felicidad.
Don Pedro Beltrán es un ingeniero respetable, encargado de las obras del pantano de Puentes en Lorca. Hijo de un comerciante madrileño y heredero del apellido de la alta sociedad lorquina a través de su abuela, ha construido una vida de equilibrio: un matrimonio sin pasión con Huertas Polo, una mujer de buena familia que le ha proporcionado una casa señorial en el centro de la ciudad, y dos hijos varones educados internos. Sin embargo, hay una grieta en esa existencia ordenada: la imposibilidad médica de tener más hijos, especialmente la hija que siempre imaginó que llenaría su hogar con risas y promesas de futuro.
Una mañana, durante una de sus inspecciones rutinarias al cortijo de El Fraile, Don Pedro se topa con una niña diminuta de ojos azules, hija de los colonos que trabajan la tierra. La criatura apenas camina, vive rodeada de hermanos y una pobreza que no deja lugar para esperanzas. El encuentro reaviva en el ingeniero su antiguo anhelo. Esa noche, junto al fuego, imagina cómo sería llevar a la niña de la mano por sus tierras, mostrarle los nombres de los árboles, traerla a la ciudad para que vea los escaparates y algún día la acompañe a la ópera.
Su esposa, percibiendo esa ilusión revivida, lo anima a preguntar. Don Pedro se atreve a sugerir a Manuel Pérez, el padre, que la niña podría crecer en su casa mientras sus hijos están internos. La conversación desata una noche de angustia en el cortijo. Soledad, la madre, quiere que su hija escape de la miseria que la espera. Manuel, en cambio, teme perder su trabajo y con él la comida asegurada de toda la familia. En el silencio tenso de aquella noche, un padre elige entre el amor y la supervivencia.
A la mañana siguiente, Soledad y Manuel aparecen en la puerta de la casa del ingeniero con su hija. La niña, cuyo nombre es Aurora, será entregada. En esa escena donde se cruzan la alegría mal disimulada de Don Pedro, la tristeza desesperada de una madre y la resignación de un padre, comienza una historia que alterará los destinos de todos quienes la rodean. Una historia sobre cómo los deseos de unos pueden convertirse en la tristeza de otros, y cómo una gran oportunidad nunca es neutral.
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