En el tanatorio, una urna de cenizas y un sobre cerrado marcan el fin de una era. Clark recibe del abogado de su tío una orden sorprendente: debe abandonar la casa al día siguiente, pero hereda una semana en el lujoso hotel Senador de…
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En el tanatorio, una urna de cenizas y un sobre cerrado marcan el fin de una era. Clark recibe del abogado de su tío una orden sorprendente: debe abandonar la casa al día siguiente, pero hereda una semana en el lujoso hotel Senador de Hawái. Convertido en huésped de suite, descubre que su tío guardaba secretos sobre su verdadero destino. En las terrazas contiguas conoce a Charlize Spence, hija de un multimillonario, y comienza un encuentro que desafía todo lo que creía saber de sí mismo.
Clark asiste a su último acto ante la urna de su tío Rob, el único hombre que lo crió como a un hijo. En la sala del tanatorio, mientras observa las cenizas, se acerca Leo Michelle, abogado cansado y nervioso. Le entrega un sobre que marca un quiebre: mañana debe abandonar la casa. Pero dentro hay más que una orden de desahucio. Hay dinero, pasajes de avión, y una carta que desmorona cada certeza que Clark tenía sobre su vida.
Su tío, ese hombre que alardeaba de racionalidad, ha reservado la mejor suite del hotel Senador para él. Una semana de lujo, dice la carta, donde vivirá como un hombre adinerado. Hay un colgante de oro con iniciales grabadas, un talismán que su tío le envía desde más allá. Las palabras finales de la carta lo persiguen: «La vida que te robaron».
Clark viaja en primera clase a Hawái, todavía aturdido. En el avión ocurren encuentros fugaces con Charlize Spence, una mujer de ojos verdes que lo rescata cuando no sabe abrocharse el cinturón, que le deja una nota mientras duerme. Ella es la hija del multimillonario Martín Spence, alguien de otro mundo. Pero en el Senador, sus suites son contiguas, separadas apenas por cristal semiopaco. Clark se sumerge en compras de lujo, se viste con diseñador, descubre que puede ordenar. Esa noche, Charlize aparece en la barandilla de al lado. Entre el oleaje de Hawái y la noche, comienza algo que desafía los límites de clase.