Camille Brooks ha enterrado a Kyle, el único hombre al que amó. Pero él regresa, no como la persona que fue, sino transformado en aquello que ella más temía: un vampiro.
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Camille Brooks ha enterrado a Kyle, el único hombre al que amó. Pero él regresa, no como la persona que fue, sino transformado en aquello que ella más temía: un vampiro. Entre el dolor de la pérdida y el horror de lo sobrenatural, una mujer debe enfrentarse a la verdad de que lo que más anhelaba recuperar ahora amenaza su propia vida.
Bajo la lluvia, Camille Brooks permanece junto al ataúd de Kyle, el hombre con el que compartió su vida. Observa durante tres horas cómo la tierra lo cubre, sabiendo que no volverá. Los padres de Kyle siempre la culparon por sacarlo de su camino, aunque fue ella quien lo apoyó en cada caída. Ahora permanece sola en el cementerio mientras todos se alejan.
De regreso en la casa que compartían, sus objetos la persiguen. Su pijama doblado en la almohada, sus fotos sobre la chimenea, el aroma que aún impregna las habitaciones. Camille intenta seguir adelante, empacando sus pertenencias en cajas, trasladándolas a la buhardilla, pero la ausencia es demasiado pesada. Cambia de habitación, incapaz de dormir donde fueron felices juntos. Un mes después, una amiga le propone un viaje a Grecia para distraerse de su dolor.
En las calles griegas, una noche, aparece un desconocido idéntico a Kyle. El modo en que camina, la manera en que la mira, todo coincide de forma imposible. Podría ser él, si no estuviera enterrado desde hace más de dos semanas. El encuentro deja a Camille inquieta, avivando su obsesión por lo que ha perdido.
A su regreso, los días adquieren una cualidad extraña. La cafetera nunca se vacía, las fotos de Kyle que deja boca abajo aparecen erguidas, y la manta que él usaba para arroparla durante sus siestas aparece sobre ella mientras duerme. Una noche despierta encontrándolo en la cocina, preparando café como si nada hubiera cambiado. Kyle está allí, pero algo es radicalmente diferente.
Cuando intenta reconocer al hombre que ve, Kyle revela la verdad: es un vampiro. Lo que ella temía más en la vida, lo que la aterraba en imágenes y disfraces, ahora tiene el rostro de quien amó. Sus colmillos son reales, sus manos frías, su sed de sangre insaciable. Camille comprende que su mayor anhelo se ha convertido en su pesadilla. El destino que le robó lo que más quería se lo devuelve en la forma que más temía.