Olivia recoge su ropa limpia de una lavandería cuando una llamada la sume en el drama: ha muerto Antonio, padre de su amiga Marta, el hombre que la vio crecer.
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Olivia recoge su ropa limpia de una lavandería cuando una llamada la sume en el drama: ha muerto Antonio, padre de su amiga Marta, el hombre que la vio crecer. En el rellano de un edificio de Madrid, entre vecinas que lloran y el olor a duelo, comienza una historia sobre amistades forjadas en la infancia, sobre cómo la pérdida rompe el frágil equilibrio de vidas que creían estar bajo control, y sobre lo que significa permanecer junto a alguien cuando todo se desmorona.
Olivia vive en una ciudad dormitorio del sur de Madrid, donde ha pasado casi toda su vida junto a sus padres, sus amigas de la infancia y los recuerdos de un barrio que parece no querer dejarla ir. Trabaja como auxiliar en el Museo Arqueológico Nacional y lleva una existencia ordenada pero sin brillo, entre la seguridad del hogar y las tardes de lavandería. A los treinta años aún no ha conseguido superar las heridas de un amor que alguna vez fue importante; prefiere la soledad segura a los riesgos del corazón dañado.
El destino llama a la puerta de su rutina en el momento más mundano: mientras recoge su colada en una lavandería, su amiga Noe irrumpe con noticias que lo transforman todo. Antonio ha muerto. El hombre que vio crecer a Olivia, que junto a su esposa Ana fue como una segunda familia, el padre de su amiga Marta, se ha ido esa madrugada sin aviso, después de un año de enfermedad que nadie esperaba que terminara así.
Lo que comenzó como un día normal se convierte en la convergencia de vidas que han crecido juntas desde la infancia. Las amigas —Olivia, Noe, su hermana Irene y Marta— se reúnen en el duelo, cargando con sus propias historias, sus amores fallidos, sus rebeldías contenidas y sus lealtades inquebrantables. En el rellano del edificio, entre vecinas que se abrazan y sollozos sin consuelo, la novela teje una historia sobre la amistad que resiste, sobre cómo enfrentar la pérdida cuando aún estás aprendiendo a vivir, y sobre los vínculos que no se cortan aunque los años intenten separarlos.
Este es el comienzo de un relato sobre lo que significa crecer en el mismo barrio, compartir secretos y dramas, y estar ahí cuando todo se desmorona, sin saber muy bien qué hacer, pero sabiendo que no puede hacerse solo.