En una tarde sofocante de octubre, aldabonazos insolentes interrumpen el descanso de Catalina Solís, viuda próspera de la isla de Margarita. Quien golpea es Rodrigo de Soria, antiguo compadre de sus años navegando el Caribe, quien no…
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En una tarde sofocante de octubre, aldabonazos insolentes interrumpen el descanso de Catalina Solís, viuda próspera de la isla de Margarita. Quien golpea es Rodrigo de Soria, antiguo compadre de sus años navegando el Caribe, quien no reconoce a la elegante mujer que le abre la puerta. Porque Catalina es Martín Nevares: una mujer que durante años ha vivido disfrazada de hombre. El reencuentro trae consigo noticias devastadoras que la obligan a abandonar inmediatamente su nueva vida. Su padre ha sido arrestado en Cartagena por contrabando y enfrenta la pena de muerte. Su madre yace quemada tras un ataque pirata. En pocas horas, Martín deberá recuperar su vida anterior.
En una tarde sofocante de octubre en la isla de Margarita, Catalina Solís descansa bajo la sombra de cocoteros y palmeras cuando aldabonazos insolentes la despiertan. Catalina es una viuda próspera y respetada, dueña de una floreciente latonería y de dos casas que le procuran buenas rentas. Ha llegado a la isla hace apenas seis meses tras heredar los bienes de su tío y su difunto esposo. Su vida transcurre feliz y acomodada; dos hombres le hacen la corte desde su llegada.
Quien toca a la puerta es Rodrigo de Soria, antiguo compadre de sus años navegando por el Caribe a bordo del jabeque Chacona. Él desconoce un secreto capital: Catalina Solís es en realidad Martín Nevares, una mujer que durante años ha vivido disfrazada de hombre. Su verdadero padre, rescatándola de una isla desierta, ideó esta argucia para salvarla de un matrimonio forzado. Desde entonces, Martín ha navegado como marinero, ha participado en correrías y aventuras, y solo recientemente decidió recuperar su verdadera vida como mujer en Margarita.
El reencuentro sacude profundamente a ambos. Rodrigo no reconoce a la elegante viuda que le abre la puerta; ella debe revelarse, acto que lo deja sin palabras, creyéndose presa de un encantamiento o hechicería. Pero la sorpresa inicial palidece ante las noticias que Rodrigo ha venido a traer.
Su padre, Esteban Nevares, fue arrestado en Cartagena por orden del gobernador bajo cargos de lesa majestad: contrabando y tráfico ilícito de armas con los flamencos. Una nueva cédula real ordena castigar severamente este comercio, y el gobernador busca cabezas visibles. La pena prevista es la muerte.
Más grave aún: en la misma fecha del arresto, la villa de Santa Marta fue asaltada durante la noche por la urca flamenca Hoorn, pilotada por el corsario Jakob Lundch. Los piratas saquearon la ciudad, ultrajaron a sus habitantes e incendiaron las casas. En las llamas perecieron muchas personas, incluyendo las mujeres que vivían en la mancebía familiar. La madre de Martín, aunque logró sobrevivir milagrosamente, quedó terriblemente quemada y agoniza en el palenque del cimarrón Sando, apenas pudiendo respirar ni hablar. Rodrigo tuvo que enterrar personalmente a numerosos amigos y vecinos cuyos cuerpos se descomponían bajo el sol caribeño.
Ante estas catástrofes, Martín recobra su determinación anterior. Se despoja de sus ropas de viuda, se vuelve a poner los vestidos de hombre, recupera la voz grave de sus años de navegación, y se prepara para partir sin demora hacia Cartagena. Su fortuna será empleada en rescatar a su padre. Si es necesario, no vacilará en recurrir al soborno o la violencia contra el gobernador. Lo urgente es recoger a su madre y lograr la libertad de su padre antes de que sea demasiado tarde.
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