Ensayo autobiográfico que recorre los años formativos del autor en la Moscú de finales del siglo diecinueve. Desde sus primeros recuerdos en el seminario hasta la adolescencia, el relato captura cómo una ciudad en transformación, un…
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Ensayo autobiográfico que recorre los años formativos del autor en la Moscú de finales del siglo diecinueve. Desde sus primeros recuerdos en el seminario hasta la adolescencia, el relato captura cómo una ciudad en transformación, un entorno artístico excepcional y encuentros con figuras del mundo intelectual y creativo moldearon su conciencia. Un documento de cómo nace la memoria y se forma la sensibilidad ante el arte.
El recuerdo de una noche de invierno marca el comienzo de esta autobiografía. Un concierto de música de cámara en casa de sus padres despierta al niño con angustia inexplicable; los sonidos de violín y violoncelo lo asustan de una manera que no comprende. Su madre lo consuela en la oscuridad. Aquella noche, según recuerda el autor, constituye una línea divisoria en su vida: de un lado, la infancia borrosa sin memorias claras; del otro, el inicio del pensamiento consciente que fluirá sin grandes intervalos desde entonces.
Es un documento de la Moscú de finales del diecinueve, capital que conservaba aún la fisionomía legendaria de una ciudad remota, con sus iglesias innumerables y costumbres ancestrales. El autor, hijo de un pintor que frecuentaba los círculos artísticos más notables, crece rodeado de artistas: Repin, Vrubel, los hermanos Vasnetsov, Tolstoi. Su vivienda ocupa las dependencias de la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura. Desde su ventana presencia el despacho de obras maestras que llegan cada temporada desde Petersburgo; desde la cocina observa los esbozos del escultor Trubetskoi; y ve trabajar a su padre preparando ilustraciones para la novela Resurrección, capítulo a capítulo, con urgencia de fechas editoriales.
El ensayo registra también la metamorfosis de Moscú: al cambiar de siglo, la ciudad abandona su carácter pintoresco para lanzarse al frenesí de los negocios modernos. Gigantes de ladrillo se alzan sin que casi nadie lo note. La escuela misma donde vive es demolida y reconstruida; su familia se traslada a aulas convertidas en vivienda, cuyas habitaciones conservan la geometría irregular de su función anterior: despensa en forma de medialuna, cocina ovalada, comedor con pared convexa.
Hacia el final del fragmento, el adolescente de doce años presencia otra transformación: en el campo de Obolenskoie, descubre la música de Skriabin fluyendo desde la casa vecina. Las sinfonías dialogan con el bosque, y el compositor se mueve con una ligereza casi sobrehumana. Ese mismo Skriabin discute con el padre del narrador sobre Tolstoi, el nietzscheanismo, el arte: conversaciones que el niño escucha sin comprender plenamente, pero que quedan inscritas en su conciencia.
Este es un relato sobre cómo se forma una sensibilidad, cómo nace la memoria, cómo la creación artística se deposita en quien la vive sin elegir.