En la madrugada, aviones quiebran el cielo mientras el fuego crepita con memoria atormentada. Así comienza este conjunto de voces poéticas que testimonian la España convulsa.
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En la madrugada, aviones quiebran el cielo mientras el fuego crepita con memoria atormentada. Así comienza este conjunto de voces poéticas que testimonian la España convulsa. La obra reúne versos de Paul Chase, poeta estadounidense que llegó a reportear pero quedó cautivo en el país, luego atrapado por la Guerra Civil. Junto a él: el perfeccionista Servando Montes; el anacrónico Ángel Ruiz del Valle; y Lucas Villalba, cuyo poema sobre el arte de matar genera incertidumbre. Todos trazan el retrato de una generación que vivió el colapso.
Cuando los aviones cruzan la madrugada y el fuego crepita como una memoria atormentada, comienza el testimonio de estos poetas que vivieron la España convulsa del siglo veinte. Paul Chase llegó a la Península Ibérica en 1930 como reportero de revistas estadounidenses, pero la España real lo cautivó más que cualquier relato exótico. Se estableció en Montilla, donde lo sorprendió la Guerra Civil mientras revisaba una traducción de Tennyson. Sus poemas posteriores narran escenas de camiones llevando jóvenes al frente, disparos lejanos, y la cotidianidad que se recompone brevemente en tardes de vendimia. Décadas después, ciego y destrozado, regresó a Almuñécar como un extranjero entre extranjeros, conocido solo como el Turista.
Pero la obra es un mosaico de vidas literarias marcadas por la intransigencia o el anacronismo. Servando Montes, hijo de industrial arruinado por sus pasiones y sus versos, murió fusilado en Madrid dejando poemas incompletos, víctima de su propia exigencia estética: cada verso debía ser tan rotundo como el anterior, tarea casi imposible que lo paralizaba. Ángel Ruiz del Valle vivió más años pero en los márgenes, escribiendo sonetos y romances que nadie leía, viendo pasar la modernidad con perplejidad de quien escucha un idioma desconocido. Su carpeta de poemas, entregada a una revista literaria con la ingenuidad de quien aún creía en la belleza, fue olvidada en un montón de rechazos.
Los poemas hablan de procesiones donde la Virgen parece haber salido de un club de navajeros, de viejos cafés donde burgueses tertulian sobre un pasado que solo leyeron, de actores dañados por los focos que ya no recuerdan quiénes fueron, de clanes aristocráticos viendo ocupados sus salones por el pueblo. Y luego está Lucas Villalba, inspector escolar melancólico que escribió un extenso poema didáctico sobre el arte de cometer asesinatos, pieza que deja a estudiosos preguntándose dónde termina la ficción y dónde comienza la realidad.
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