En Santander, a comienzos del siglo XX, un almuerzo entre primos. Gabriel cuestiona a Virginia sobre su inesperada vena socialista, mientras ella contempla el mundo desde el balcón de su fortuna heredada, con una melancolía incómoda.
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En Santander, a comienzos del siglo XX, un almuerzo entre primos. Gabriel cuestiona a Virginia sobre su inesperada vena socialista, mientras ella contempla el mundo desde el balcón de su fortuna heredada, con una melancolía incómoda. La historia de Virginia es la de una mujer de la burguesía que rechazó la vida convencional por un amor imposible: Casimiro, hijo de la cocinera, cuya muerte la marcó para siempre. En el socialismo del doctor Madrazo, encontró la transfiguración de ese amor perdido, una forma de continuar la rebelión que definió su juventud.
Un almuerzo lento en el muelle de Santander, poco antes de los años veinte. Gabriel Montes, músico excéntrico de la familia, interroga a su prima Virginia sobre su inusual interés por el socialismo. La conversación gira en torno a una paradoja central: observan la vida real desde la distancia segura del dinero heredado, como quien mira las traineras desde el balcón con prismáticos, viendo el esfuerzo de los remeros convertido en espectáculo imaginado. Virginia pertenece a la tercera generación de los Montes, cuya fortuna se construyó en el comercio de harinas a gran escala. Su bisabuelo, don Juan Montes, fue un comerciante emprendedor que logró integrar a la familia en la aristocracia española. Ahora, bajo el reinado de Alfonso XIII, Santander se ha transformado en capital provincial de veraneo regio, y los herederos de esa fortuna viven una ociosidad lujosa: se dedican al deporte, las artes, el turismo. El bisabuelo trabajó; los nietos disfrutan. Pero Virginia carga con un secreto que define su verdadera rebelión. A los diecisiete años se enamoró de Casimiro, hijo de Manuela, la cocinera. No fue un arrebato romántico, sino una decisión violenta: rechazar los prejuicios de su clase, renunciar a los pretendientes elegantes, a los vestidos blancos estivales, a la vida ordenada que dictaba su condición. Lo amó con la intensidad de quien desea algo prohibido. Tras la muerte de Casimiro, Virginia encontró en el socialismo la transfiguración de ese amor imposible, una zona difusa donde continuar la batalla de su voluntad contra el mundo de los Montes.
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