Frank Warren, agente del FBI, parte hacia Inglaterra una noche de verano dejando a su novia Sylvia en medio de su fiesta de cumpleaños. La joven le obsequia una pluma estilográfica como recordatorio de su ausencia.
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Frank Warren, agente del FBI, parte hacia Inglaterra una noche de verano dejando a su novia Sylvia en medio de su fiesta de cumpleaños. La joven le obsequia una pluma estilográfica como recordatorio de su ausencia. En el vuelo transatlántico, un desconocido intenta envenenarlo con una pastilla que disuelve en su bebida, pero un ataque de tos oportuno frustra el asesinato. Warren descubre que su enemigo, aparentemente dispuesto a seguirlo, podría estar conectado con la peligrosa misión que lo lleva hacia Europa.
Frank Warren es un hombre de treintena que ha renunciado a los desenfrenos de la juventud. Como agente del FBI, vive en constante alerta, estudiando la psicología de quienes lo rodean y anticipando lo peor. Su novia Sylvia representa el lado humano que la profesión amenaza con sepultar: ella lo reprende por su seriedad excesiva, por esa costumbre de ver la vida como un espectador aislado en un satélite artificial. Cuando Warren llega tarde a su fiesta de veinticinco años, la encuentra rodeada de admiradores. Él le obsequia una pluma estilográfica, regalo práctico que ella recibe con ironía sangrienta: la usará para escribirle mientras esté fuera, aunque “tenga que mojarla en veneno”. Warren parte hacia Inglaterra esa misma noche en un Skimaster DC-4, dejando atrás a Sylvia y una relación que pendula entre la pasión y la incomprensión.
Durante el vuelo sobre el Atlántico, un desconocido que se hace pasar por viejo conocido lo aborda con familiaridad forzada. Se presenta como Fred Latymer, de Illinois, y logra que Warren baje la guardia momentáneamente. Latymer pide dos cócteles especiales y, cuando la azafata los sirve, vierte disimuladamente una cápsula gelatinosa incolora en el vaso de Warren. El veneno, sin residuos, habría producido la apariencia de un infarto cardíaco. Pero Warren, cuya desconfianza innata es su mayor virtud, advierte algo en la conversación y mantiene los labios cerrados al aproximarse el vaso a su boca. Un ataque de tos oportuno le permite evitar beber. Al regresar con papel tornasol, Warren confirma que el líquido fue envenenado. Latymer ha fracasado, pero no se retira: decide acompañar a Warren, pues la mejor forma de eludir un peligro es afrontarlo cara a cara. En Liverpool, se alojan juntos en una modesta pensión, donde Frank debe permanecer en vela vigilando al hombre que intentó asesinarlo.