En una noche de París, mientras el Bloque Patriótico negocia su entrada en el Gobierno, Antoine espera noticias de Stanko. Ha dado su consentimiento para que lo eliminen: es el precio del poder.
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En una noche de París, mientras el Bloque Patriótico negocia su entrada en el Gobierno, Antoine espera noticias de Stanko. Ha dado su consentimiento para que lo eliminen: es el precio del poder. Mientras la ciudad arde en disturbios, ambos hombres luchan contra la coca, el alcohol y los recuerdos. La novela de Leroy retrata la llegada del fascismo desde dentro, sin esquematismos, mostrando sus contradicciones y su capacidad de seducción sobre las masas.
Antoine mira el reloj: la una de la mañana. En algún lugar de París, hombres persiguen a Stanko con orden de asesinato. Ha dado su consentimiento: es el precio del poder, del ascenso político del Bloque Patriótico. Diez ministerios a cambio de una vida.
Durante esta noche de negociaciones en las alturas del gobierno, mientras la periferia arde en disturbios incontrolables, Antoine espera en su departamento. Bebe. Evita la cocaína escondida en un busto de Mussolini. Y recuerda. Sus memorias lo persiguen como los sicarios persiguen a Stanko. Cómo se hizo fascista por una mujer, cómo fue seducido por una política que ahora lo devora. La maquilladora árabe cuyos ojos contenían odio profundo. Los programas televisivos donde jugó de enemigo sacrificial mientras preparaba su ascenso.
Stanko corre por la ciudad. Mata a quien lo persigue. Pero también recuerda. Ambos hombres están atrapados en la noche no por violencia física, sino por el infierno privado de sus propias vidas.
La novela de Leroy no esquematiza el fascismo ni lo reduce a caricatura. Lo presenta como fuerza que seduce, que atrae, que posee lógica y encanto. Antoine y Stanko no son monstruos de cartón: tienen gustos refinados, aman el cine de Godard, poseen sensibilidades que contradicen su pertenencia política. La novela mira hacia dentro del abismo sin apartar la vista.
En el fondo, es un libro sobre melancolía de nostalgia imposible: la de un mundo que nunca existió, de comunidades destruidas por el mercado y el espectáculo, de solidaridades desmanteladas antes de que los fascistas llegaran al poder. Leroy sugiere que los cimientos ya estaban socavados, que el Bloque solo cosecha lo que otros sembraron.
Durante esa noche que es casi eternidad, el fascismo se completa. No mediante imposición brutal, sino por sumisión. Una novela profética que predijo la deriva política de los años por venir.