Cien oficios tradicionales de España, contados por quien los grabó con su propia cámara durante más de cuarenta años. Cada uno ocupa una doble página —una fotografía y un texto— y recoge el gesto exacto de artesanos, campesinos y pastores…
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Cien oficios tradicionales de España, contados por quien los grabó con su propia cámara durante más de cuarenta años. Cada uno ocupa una doble página —una fotografía y un texto— y recoge el gesto exacto de artesanos, campesinos y pastores a los que el autor conoció en persona: el forcaire que tardaba seis años en criar una horca, la alfarera que cocía hornos de pan con leña, el guarapero que subía a las palmeras de La Gomera al atardecer. Un libro de memoria agradecida sobre trabajos que casi nadie recuerda y sobre las manos que los sostuvieron.
Todo empezó con una cámara super-8 y la intuición de que aquello que se estaba perdiendo merecía ser filmado. De aquellos cortometrajes de aficionado de principios de los años ochenta nació un archivo de más de tres mil documentales sobre oficios y costumbres rurales de España, y de ese archivo procede este libro: una selección de cien trabajos escogidos entre el millar que el autor llegó a documentar en persona.
La obra está construida con una regla sencilla y eficaz: cada oficio ocupa dos páginas, una fotográfica y otra de texto. La imagen muestra el esfuerzo; el texto explica el procedimiento paso a paso, con su vocabulario propio —dolar, capolar, enriar, escorpinar, espalmar— y con el nombre y la edad de quien lo ejecutaba. No hay orden temático ni cronología: los capítulos se suceden como se sucedían las grabaciones, y esa libertad permite pasar del cultivo del lino en un huerto de Huesca a la fabricación de papel con trapos viejos en Capellades, del empozamiento de la nieve en Uncastillo al esquileo decorativo de un burro en la sierra sevillana.
El repertorio es amplio y deliberadamente desigual en fama. Hay cultivos y fibras vegetales, aceite y vino, aprovechamiento del bosque, forja y madera para las herramientas del campo, alfarería, instrumentos musicales, conservación de alimentos, materiales de construcción, tejidos y tareas pastoriles. Junto a ellos aparecen trabajos que hoy resultan casi inverosímiles: el nivelador que medía los campos de Los Monegros con dos botellas unidas por un tubo y agua teñida con café; el empozador que convertía la nieve en bloques de hielo de cuarenta kilos transportados de noche; el colchonero que vareaba la lana en el patio con una vara de avellano; el curtidor que ablandaba las pieles con corteza de encina. El autor reserva además un lugar explícito al trabajo de las mujeres, que compartían las faenas agrícolas y sostenían, sin reconocimiento, la economía doméstica: el pan, la matacía, el queso, la colada, el hilado, el barro.
Lo que distingue estas páginas de un inventario etnográfico es la relación personal. El narrador estuvo allí, comió con los protagonistas, volvió a sus casas, mantuvo amistad con sus familias. Muchos de ellos han muerto; varios eran el último de su pueblo en saber hacer lo que hacían. Ese es el pulso del libro: no la nostalgia decorativa, sino la constancia de una pérdida concreta y la voluntad de dejar constancia de ella mientras aún hubo alguien a quien preguntar.
El balance final no es puramente elegíaco. Algunos oficios han desaparecido sin remedio, vencidos por la baja rentabilidad y por la técnica; otros han sido retomados por artesanos jóvenes que heredaron el saber de sus maestros; unos cuantos —el queso, el vino, la miel— siguen vivos, adaptados a la normativa sanitaria y a la maquinaria moderna. El propio archivo del que nace el libro ha corrido una suerte parecida: pasó del VHS al DVD, de la televisión pública a las plataformas, y encontró en internet un público internacional inesperado. Queda así un doble testimonio: el de los oficios y el de la manera de conservarlos.
Se lee mejor sin prisa, que es como se trabajaba entonces. Interesa a quienes buscan cultura material y memoria rural, a quienes quieren entender de dónde salían el pan, el hielo, el papel o la ropa antes de la industria, y a cualquiera que sienta curiosidad por un país que aún estaba a un par de generaciones de distancia.
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