En 101 Mitos de la Biblia, Gary Greenberg analiza un centenar de relatos del Antiguo Testamento para rastrear sus orígenes literarios e históricos.
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En 101 Mitos de la Biblia, Gary Greenberg analiza un centenar de relatos del Antiguo Testamento para rastrear sus orígenes literarios e históricos. Combinando la hipótesis documental (las fuentes J, E, S y D) con paralelismos hallados en mitologías egipcia, mesopotámica y cananea, el autor muestra cómo escribas y editores antiguos combinaron tradiciones distintas —a veces contradictorias— hasta dar forma a los textos bíblicos que conocemos hoy.
Gary Greenberg propone un recorrido crítico por el Antiguo Testamento organizado en tres bloques: los mitos del inicio (Creación, Edén, el diluvio, la torre de Babel), los mitos de los fundadores (los relatos patriarcales de Abraham, Jacob y José) y los mitos de los héroes (Moisés, Josué, los jueces y los primeros reyes de Israel). Para cada uno de los 101 episodios seleccionados, el autor identifica su procedencia dentro de las cuatro fuentes documentales clásicas —J, E, S (o P) y D— y examina cómo sus respectivos autores, escribiendo en épocas y contextos políticos distintos, dejaron huellas de rivalidades entre los reinos de Israel y Judá, de reformas religiosas como las del rey Josías, y de un largo proceso de tránsito del henoteísmo hacia el monoteísmo. El libro dedica especial atención a la influencia egipcia sobre las narraciones más antiguas —desde la Creación hasta el ciclo de José y Moisés— y contrasta el relato bíblico del diluvio con la tradición mesopotámica registrada en la Tableta XI del poema de Gilgamesh, descubierta por George Smith en 1872. Greenberg también recurre a hallazgos arqueológicos para cuestionar la cronología de ciertos episodios de conquista, y explica cómo duplicidades y contradicciones internas del texto —dos relatos de la Creación, dos versiones del cambio de nombre de Jacob, entre otras— reflejan capas sucesivas de redacción y edición. Antes que negar el valor del texto sagrado, el autor lo trata como un artefacto literario estratificado, cuyo estudio permite reconstruir el desarrollo religioso, político y cultural del antiguo Israel.