Dos ingenieros en activo —una especialista en grandes obras civiles y un diseñador de instrumentación científica— reúnen veintiuna razones para acercarse a la ingeniería.
Descargar
Dos ingenieros en activo —una especialista en grandes obras civiles y un diseñador de instrumentación científica— reúnen veintiuna razones para acercarse a la ingeniería. Con humor, anécdotas de oficio y ejemplos que van del puente colosal al dispositivo microscópico, el libro explica qué hace realmente un ingeniero, cuántas ramas caben bajo ese nombre y por qué esta disciplina lleva siglos rediseñando el mundo. Prologado por Eduardo Sáenz de Cabezón.
Nacido durante el confinamiento de 2020, cuando sus autores escribían cada uno desde su casa en Madrid y en Granada, este libro no es un manual técnico ni pretende serlo: no hay fórmulas para calcular una presa ni planos de cohetes. Lo que hay es una defensa razonada, y a ratos abiertamente entusiasta, de un oficio que sus autores conocen desde dentro y que consideran mal contado fuera de las aulas.
Miguel Abril Martí y Patricia Martínez Lope organizan el volumen en veintiún capítulos, cada uno formulado como una razón. Algunas son promesas deliberadamente exageradas —poder hacerlo todo, no trabajar nunca, salvar el mundo y también destruirlo—, y el texto se encarga enseguida de matizarlas con datos, historia y experiencia propia. Otras abren puertas concretas: volar y entender la física que lo sostiene, navegar sin conexión, explorar planetas de cerca o a distancia, transformar las telecomunicaciones, decidir qué forma tendrán las tecnologías que aún no existen. Un bloque final agrupa demostraciones por campos —barcos, grandes estructuras, nanotecnología, aviación, exploración, sostenibilidad y nuevas energías— antes de reservar la última razón, la número veintiuno, a las mujeres que eligen esta profesión.
El recorrido combina divulgación histórica y relato personal. Se remonta a los constructores de ingenios anteriores a que la palabra existiera, sitúa el nacimiento académico de la disciplina en la Francia del siglo XVIII y traza después el árbol de especialidades: civil, mecánica, aeroespacial, química, de materiales, de minas, industrial, informática, y las que todavía no tienen nombre. Por el camino aparecen Leonardo da Vinci, Hedy Lamarr, Newton y su año de encierro productivo, la supervivencia marciana de la ficción de Andy Weir y las aficiones reveladoras de un laboratorio real, donde los ingenieros salen del trabajo para seguir montando en casa cerveceras automatizadas, motos restauradas o espantapalomas robóticos.
El tono es coloquial, salpicado de bromas gremiales y guiños de complicidad, pero el propósito es serio: los autores señalan la paradoja de un mundo que necesita cada año más ingenieros y matricula cada año a menos jóvenes, y repasan qué dicen las estadísticas de empleo sobre estas carreras. El prólogo de Eduardo Sáenz de Cabezón recuerda el parentesco entre ingeniería e ingenio, y describe el libro como lo que es: una invitación a mirar dentro del oficio y, de paso, una declaración de amor a él.
Dirigido sobre todo a quienes están en el momento de decidir qué estudiar, funciona igual de bien para cualquier lector curioso por entender cómo llegó a existir casi todo lo que le rodea.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.