Tras once participaciones en el Tour de Francia, un maillot amarillo en 1988 y dos victorias en la Vuelta a España, Pedro «Perico» Delgado colgó la bicicleta en 1994 y, casi sin transición, se pasó al otro lado de las vallas.
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Tras once participaciones en el Tour de Francia, un maillot amarillo en 1988 y dos victorias en la Vuelta a España, Pedro «Perico» Delgado colgó la bicicleta en 1994 y, casi sin transición, se pasó al otro lado de las vallas. «A golpe de micrófono» recorre las dos décadas que siguieron: la conversación en un ascensor que le abrió las puertas de Televisión Española, el aprendizaje de un oficio nuevo, los años dorados de Indurain vistos desde la cabina de comentaristas y el vértigo de narrar en directo un deporte que hasta entonces solo había sufrido en las piernas. Escrito con la complicidad del periodista José Miguel Ortega, es el relato de un campeón que aprendió a contar las carreras en lugar de correrlas.
El libro arranca en los Campos Elíseos, en julio de 1993, con una conversación incómoda. Miguel Indurain acaba de ganar su tercer Tour consecutivo y, mientras el equipo se prepara para la vuelta de honor, uno de sus gregarios de lujo le anuncia al director deportivo que no volverá. No es cansancio físico, explica: es la certeza de no estar ya a la altura del papel que le corresponde. Con esa escena, Pedro Delgado abre el balance de una retirada meditada y sin estridencias, cerrada al año siguiente con un tercer puesto en la Vuelta a España y una gira de despedida por Segovia, Valladolid y Canarias, donde por última vez sintió el afecto del público desde el sillín.
Lo que viene después es el verdadero asunto del libro. Un encuentro casual en el ascensor de un hotel durante la Volta a Catalunya —una tarjeta, una oferta improvisada, la pregunta de si le apetecería comentar carreras— desemboca en veinte años de trabajo ante los micrófonos y las cámaras. Delgado reconstruye ese tránsito con curiosidad de recién llegado: el descubrimiento de la «zona técnica» del Tour, ese laberinto de cables y unidades móviles que ningún corredor llega a ver; las salas de prensa desbordadas; la coreografía milimétrica con que la organización coloca cada vehículo. Detalles invisibles desde el pelotón que, contados desde fuera, revelan una carrera dentro de la carrera.
El libro está hecho, sobre todo, de convivencia. Las grandes vueltas son un mes de coches compartidos, hoteles y cenas tardías, y de ahí sale un anecdotario que el autor administra sin solemnidad: los atascos de cuarenta kilómetros camino de una meta en alto, con la retransmisión a punto de empezar y la gendarmería cortando el paso; las discusiones en directo con Pedro González que hacían pensar a los espectadores que se llevaban mal; el eco persistente de aquel «maillot i-on» que su francés segoviano convirtió en marca de la casa y que los aficionados franceses aún le recuerdan. Los títulos de los capítulos anuncian el tono: afonías, encuentros insólitos, un cadillac solitario, un 1998 que sería mejor olvidar.
Pero la mirada no se queda en lo anecdótico. Al alejarse del mundo cerrado del ciclismo profesional, Delgado gana perspectiva y filo crítico. Aparecen el ocaso de los mitos, la vida del ciclismo español después de Indurain, la trayectoria de Lance Armstrong de héroe a villano y los interrogantes del ciclismo del siglo XXI. En el prólogo, Carlos de Andrés resume la transformación con una fórmula precisa: al principio era un ciclista que comentaba carreras; hoy es un comentarista que fue un gran ciclista.
Escrito junto a José Miguel Ortega, periodista vallisoletano especializado en ciclismo y buen conocedor de su trayectoria, «A golpe de micrófono» funciona como continuación natural de «A golpe de pedal», donde Delgado narró su etapa deportiva. Aquí el foco se desplaza a la segunda vida: la de quien, según su propia expresión, pasó a ver los toros desde la barrera y descubrió que contar el ciclismo también es una forma de seguir dentro de él.
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