Novela de ciencia ficción de corte teológico ambientada en un universo donde la fe opera como tecnología: las oraciones se transmiten por electrodos y redes de relés hasta mundos-dios, y una deidad de múltiples manifestaciones —el…
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Novela de ciencia ficción de corte teológico ambientada en un universo donde la fe opera como tecnología: las oraciones se transmiten por electrodos y redes de relés hasta mundos-dios, y una deidad de múltiples manifestaciones —el Mentufacturador, el Intercesor, el Caminante-en-la-Tierra— interviene de forma tangible en la vida cotidiana, mientras el Destructor de Formas encarna la entropía y la decadencia. Un grupo de colonos, cada uno huyendo de una existencia estancada, es convocado a la remota colonia del planeta Delmak-O sin que nadie —ni siquiera quienes ya llegaron— conozca el propósito de la misión: las instrucciones aguardan, selladas, en la cinta de un satélite que solo podrá activarse cuando arribe el último miembro del grupo.
En un cosmos regido por la teología racional de Specktowsky y su libro «Cómo resucité de entre los muertos en mi tiempo libre, y cómo puede hacerlo usted», rezar no es un acto de fe ciega sino una transmisión verificable: Ben Tallchief, empleado de control de inventario aburrido y al borde de recaer en la bebida a sus cuarenta y dos años, conecta los electrodos de su glándula pineal al transmisor de su nave y pide un trabajo más estimulante. La plegaria es escuchada, y recibe el traslado a una pequeña colonia experimental en el planeta Delmak-O, cuyo cometido los documentos cifrados se niegan a revelar. En paralelo, el biólogo marino Seth Morley y su esposa Mary abandonan por fin el kibbutz Tekel Upharsin —donde ocho años de acarrear piedras en un planeta sin una gota de agua han agriado su matrimonio y su ánimo— desafiando al ingeniero jefe Gossim, que les augura el fracaso. Cuando Morley, más ocupado en acaparar frascos de mermelada que en revisar la nave, elige un transbordador defectuoso que los habría matado, recibe la visita del Caminante-en-la-Tierra: la manifestación divina le señala una nave segura, lo ayuda a cargarla y lo bendice, recordándole con ternura al gato que amó y perdió, promesa de un reencuentro en el Paraíso. Ya en Delmak-O, Tallchief conoce a los demás convocados: una lingüista, una teóloga, un médico, un psicólogo, una célebre socióloga anciana, un electrónico, una mecanógrafa y otros especialistas reunidos desde rincones dispares de la galaxia. Ninguno sabe para qué fue reclutado. Solo hay una certeza inquietante: orbitando el planeta hay un satélite con una cinta grabada que contiene todas las respuestas, y únicamente podrá activarse cuando llegue el último colono. Narrada desde la subjetividad cambiante de sus personajes —con Seth Morley como conciencia principal—, la obra entreteje sátira, angustia existencial y especulación religiosa: un retrato de seres decadentes y esperanzados que, aun con un dios comprobable al alcance de una antena, siguen sin saber por qué están donde están.