En la mañana de Navidad, Sarah, una amazona en plena ruptura matrimonial y a punto de perder su rancho de excursiones a caballo, sale a cabalgar con su yegua Tansy hacia la sierra de Mortimer.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
En la mañana de Navidad, Sarah, una amazona en plena ruptura matrimonial y a punto de perder su rancho de excursiones a caballo, sale a cabalgar con su yegua Tansy hacia la sierra de Mortimer. Lo que empieza como una huida de la humillación doméstica se convierte en una carrera contra un fenómeno natural tan repentino como devastador: una crecida furiosa que arrastra árboles centenarios y pone a prueba la voluntad de sobrevivir de la protagonista, su caballo y un ciervo que comparte su mismo instinto de fuga.
La novela se abre con un golpe literal: la cabezada suelta de Tansy impacta en el rostro de Sarah y la derriba en el patio de un rancho ya medio embalado, listo para la venta. A los treinta y cinco años, Sarah atraviesa el naufragio de un matrimonio marcado por la infidelidad, la desaparición gradual de una vida construida entre caballerizas, robles recién plantados y una casa que fue, durante años, su sueño cumplido. La narración se demora en el detalle físico y emocional de esa derrota doméstica —el dolor de la mandíbula, las felicitaciones navideñas sin abrir, la llamada de un padre que no entiende su ausencia en la comida familiar— para trazar el retrato de una mujer que prefiere la soledad del monte a la exposición pública de su fracaso en un pueblo pequeño donde todos observan. Con un rifle sin licencia guardado en la camioneta y una cesta de Navidad como único gesto festivo, Sarah decide subir con Tansy hacia la sierra de Mortimer, un territorio que conoce mejor que cualquier mapa turístico y que el año anterior estuvo a punto de arder por completo. Pero el verano se presenta húmedo y tranquilo, sin el habitual riesgo de incendio, hasta que el silencio del bosque —sin pájaros, sin ranas, con hormigas huyendo en masa por los troncos y animales salvajes corriendo todos en una misma dirección— empieza a inquietar tanto a la amazona como a su montura. La tensión crece cuando Tansy, contra la voluntad de Sarah, insiste en seguir el camino principal en vez de desviarse hacia el rincón apartado que la protagonista tenía reservado para su almuerzo navideño en soledad. El desenlace de esa tensión llega en el puente sobre el río de las Truchas, donde Sarah, su yegua y un ciervo asustado quedan atrapados entre la crecida repentina de un torrente cargado de troncos arrancados de cuajo y la fragilidad de una estructura de madera que empieza a desprenderse de sus orillas. Entre el instinto animal y la lucidez humana, entre el desastre íntimo del divorcio y la amenaza impersonal de la naturaleza, el relato construye una historia de resistencia física y emocional, donde la furia del paisaje australiano actúa como espejo y catalizador de la propia supervivencia de la protagonista.