Novela romántica contemporánea de Joan Knotty. Tras siete años de relación, Lucía descubre por una foto de perfil que su pareja la ha dejado por otra, y que su ruptura ya es dominio público.
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Novela romántica contemporánea de Joan Knotty. Tras siete años de relación, Lucía descubre por una foto de perfil que su pareja la ha dejado por otra, y que su ruptura ya es dominio público. Con treinta años, un trabajo en una biblioteca, un blog de reseñas y una familia que desayuna café en su cocina cada fin de semana, deberá reconstruirse mientras aparecen en su vida dos hombres muy distintos y un bloguero anónimo al que admira desde hace años sin sospechar quién se esconde detrás.
Dicen que en la vida hay tres amores: el primero, el imposible y el definitivo. Lucía los conoce todos en apenas un año, aunque al principio solo sepa que le han roto el corazón en público.
La historia arranca con una imagen que hoy resulta demasiado reconocible: una mujer sentada frente a su portátil viendo cómo suben los “me gusta” de la foto en la que su expareja besa a otra. Julián se ha marchado tras siete años dejando una declaración de amor ajena colgada en el muro y ciento veinte notificaciones de consuelo en el teléfono de Lucía. Más doloroso que la humillación es lo que le dijo al irse: que era infantil, que su casa, su ropa, su trabajo y su familia eran los de alguien que no ha terminado de crecer. Esa acusación, más que la infidelidad, es la semilla de todo lo que viene después.
A sus treinta años, Lucía trabaja a media jornada en una biblioteca, vive en un apartamento sobre la casa de sus padres, decora las paredes con portadas de sus libros favoritos y escribe un blog de reseñas donde sigue con devoción a @ristóteles, un bloguero anónimo cuya influencia crece cada semana. Alrededor de ella se teje una red femenina que sostiene la novela entera: Ana, la sensata, casada y madre; María, la libre, incapaz de una relación estable y siempre dispuesta a la provocación; Alicia, la hermana mayor que juzga y protege a partes iguales, a dos meses de su boda; y una madre cuya sabiduría cabe en una frase susurrada al oído. El ritual del café de los fines de semana funciona como termómetro emocional del relato.
El regreso al barrio de Pablo, el hermano de María —psicólogo y pedagogo, autor de cuentos infantiles y colaborador de periódicos y blogs—, y la irrupción de su amigo Víctor, asesor financiero, seguro de sí mismo y capaz de convertir un gesto en promesa, empujan a Lucía fuera del duelo. Uno la deslumbra desde la primera noche, cuando se ofrece a ser su caballero ante la mirada de todo el bar; el otro le ofrece algo más discreto: un trabajo por las tardes corrigiendo sus textos. Entre esos dos polos, la protagonista empieza a distinguir entre lo que impresiona y lo que acompaña.
Con un tono ligero, mucho diálogo y una estructura de capítulos breves salpicada de conversaciones de WhatsApp, la novela avanza por rupturas, listas de cosas que tirar a la basura, bodas familiares, primeras citas incómodas y descubrimientos que llegan por escrito. El título anticipa el juego: la persona a la que Lucía busca puede estar mucho más cerca de lo que imagina, exactamente a la distancia de tres teclas.
Más que una historia de amor convencional, es un relato sobre madurar sin renunciar a lo que uno es, sobre la diferencia entre ser infantil y ser fiel a los propios gustos, y sobre esa clase de vínculo sencillo en el que basta una mirada para entenderse.