Win nació con la mano derecha menos desarrollada y ha construido su vida en torno a una regla: no dejar entrar a nadie. En una fiesta de Halloween se cruza con Bo, un desconocido altísimo cuya pata de palo no es disfraz, y la broma se…
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Win nació con la mano derecha menos desarrollada y ha construido su vida en torno a una regla: no dejar entrar a nadie. En una fiesta de Halloween se cruza con Bo, un desconocido altísimo cuya pata de palo no es disfraz, y la broma se convierte en un reconocimiento mutuo. Lo que empieza como una noche sin consecuencias deriva en un embarazo inesperado y en algo más difícil que la logística: aprender a ser querida sin condiciones y a pedir ayuda sin sentir que se pierde.
Winnifred McNulty tiene veintiocho años, trabaja en una cafetería, colecciona plantas y lleva el mismo disfraz de pirata a la fiesta anual de Halloween de su mejor amiga porque el garfio hace gracia y porque comprar otro no entra en su presupuesto. Nació con la mano derecha pequeña y sin desarrollar, y ha pasado la vida ensayando en privado lo que tendrá que hacer en público: abrocharse un pantalón, tomar apuntes, estrechar una mano sin que el gesto se vuelva incómodo. De su madre aprendió pronto que cada hombre que entraba en casa se llevaba un poco de terreno, así que decidió quedarse con la independencia y las relaciones sin futuro.
Junto a la ponchera aparece Bo: casi dos metros, analista financiero, huérfano de madre, adicto al sudoku y al café, con anillos y las uñas pintadas de negro. Va vestido de pirata, como ella. Cuando Win se quita el garfio para enseñarle por qué su disfraz es intransferible, él responde estirando una pierna ortopédica forrada de vinilo imitación madera. La coincidencia desarma la escena habitual —la de explicarse, la de anticipar la reacción ajena— y la sustituye por otra cosa: dos personas que se hacen reír y que se tienden la mano izquierda sin necesidad de aclarar nada.
De esa noche nace un embarazo que ninguno de los dos buscaba, y con él una serie de decisiones que la novela se toma en serio. Win conversa con su equipo médico y con su gente sobre todas sus opciones —el libro transcurre en Canadá y no escamotea la palabra aborto— y elige, sin presiones, seguir adelante. A partir de ahí el conflicto deja de ser el cuerpo cambiante y pasa a ser el vértigo de dejarse acompañar: aceptar ayuda sin leerla como sentencia, mostrar el lado vulnerable, discutir con las expectativas heredadas sobre lo que una madre debe poder hacer con dos manos.
Escrita por una autora que comparte la extremidad de su protagonista, la novela sostiene un tono de comedia romántica adulta —diálogo rápido, humor sucio, escenas sexuales explícitas— sin renunciar a lo que hay debajo: el miedo al fracaso, el duelo por lo que no se tuvo y la posibilidad de una discapacidad vivida con alegría. Bo y Win aprenden juntos a querer bien: con paciencia, sin corregir al otro y sin pedirle que sea menos de lo que es.
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