Narración de corte realista y tono admonitorio que sigue a José Canelas, dibujante de un periódico de provincia, mientras encadena una relación extramarital tras otra sin renunciar nunca a su fachada de esposo atento y padre ejemplar.
Descargar
Narración de corte realista y tono admonitorio que sigue a José Canelas, dibujante de un periódico de provincia, mientras encadena una relación extramarital tras otra sin renunciar nunca a su fachada de esposo atento y padre ejemplar. Cada capítulo presenta a una mujer distinta —una compañera de trabajo, una soltera de treinta y cinco años, una casada sin vida conyugal, una vecina de apetito desbordado— y muestra cómo el protagonista convierte el deseo ajeno en una forma de sacar ventaja: comidas, regalos, dinero y control. El libro abre con una dedicatoria dirigida a los hombres, pidiéndoles reflexión, y avanza hacia el momento en que el cuerpo del protagonista empieza a cobrar la cuenta.
José Canelas realiza bosquejos y viñetas para un diario regional. Tiene treinta y cinco años, esposa e hijos, y una vida doméstica que desde fuera parece intachable. Por dentro sostiene un pulso permanente entre lo que dice querer —ser fiel— y lo que termina haciendo cada vez que una oportunidad se le cruza en el camino. La obra se construye sobre esa contradicción y la repite deliberadamente, capítulo tras capítulo, hasta volverla un patrón reconocible.
La estructura es episódica: cada sección lleva el nombre de una figura o de un tema. En la primera aparece Perla, una compañera de trabajo veintidós años, a quien el protagonista corteja con paciencia calculada y de quien acaba obteniendo comidas, salidas y disponibilidad sin exigencias. La segunda se detiene en Clarita, la esposa: mujer de casa, cariñosa hasta la anulación, que lava los pies de su marido por las noches, celebra sus dichos machistas sin escucharlos y desoye con método los rumores que le llegan. La tercera introduce a Leticia y, con ella, el momento en que la manipulación cruza a la agresión física; el capítulo lleva por título Violencia de género y muestra sin adorno cómo los celos del protagonista se traducen en golpes y en el aislamiento progresivo de ella. Siguen Beatriz, casada y humillada en su propio hogar por su peso, que encuentra en el amante la mirada que su marido le niega, y Mirta, mujer independiente y de deseo desbordado a quien Canelas no logra explotar económicamente y con quien la relación se rompe entre insultos. El capítulo final, El intruso, cambia de registro: la tos, la fiebre y el sudor nocturno instalan en la casa algo que ya no se puede negociar ni ocultar.
El narrador no acompaña al protagonista: lo observa y lo juzga. La voz alterna la crónica seca con el comentario moral, el refrán popular y la sentencia —un epígrafe de Kierkegaard sobre la infidelidad abre el libro—, y no ahorra descripciones sexuales explícitas ni el vocabulario crudo con que los personajes se hablan. Esa franqueza es parte del argumento: el texto quiere que el lector vea el mecanismo completo, desde la seducción amable hasta el cálculo económico y el desprecio final, sin la coartada del romanticismo. Las mujeres retratadas comparten un punto de partida —soledad, autoestima erosionada, necesidad de afecto— y el libro insiste en que ahí, y no en la astucia del seductor, está la puerta que se abre.
Más cerca de la fábula moral contemporánea que de la novela psicológica, la obra se dirige explícitamente a un lector masculino y le propone un espejo incómodo. Su promesa está formulada desde la dedicatoria: quien se deja llevar por la fiebre de una primavera pasajera puede estar adelantando el invierno de su propia vida. Por sus escenas sexuales explícitas, sus episodios de violencia de pareja y su lenguaje directo, está dirigida a lectores adultos.