Una psicóloga especializada en trauma de apego guía al lector en un recorrido personal y profesional para reconocer, comprender y acompañar a la niña interior, combinando teoría del apego y el modelo IFS con casos reales de terapia.
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Una psicóloga especializada en trauma de apego guía al lector en un recorrido personal y profesional para reconocer, comprender y acompañar a la niña interior, combinando teoría del apego y el modelo IFS con casos reales de terapia.
Este libro parte de la propia experiencia de su autora, psicóloga especializada en trauma de apego, que a los veintiún años sintió un malestar difuso que no lograba explicar pese a que, en apariencia, todo en su vida marchaba bien. Ese vacío la llevó a indagar en su historia personal y, más tarde, a integrar en su práctica clínica el modelo IFS (Internal Family System) de Richard Schwartz junto con la teoría del apego de John Bowlby, dos marcos que permiten entender cómo las experiencias no acompañadas de la infancia quedan «congeladas» emocionalmente, incluso cuando los recuerdos siguen avanzando con nosotras.
A través de metáforas sencillas —una escalera en la que las emociones se quedan atrás mientras los acontecimientos suben de piso, o una muñeca rusa que separa las necesidades visibles de las que no lo son— la obra explica por qué ciertas heridas de la infancia, aunque no se recuerden con claridad, siguen condicionando el presente en forma de ansiedad, autoexigencia, sensación de vacío o dificultad para pedir ayuda. Se distingue entre el trauma «con T mayúscula», vinculado a hechos puntuales y graves, y el trauma «con t minúscula», resultado de experiencias repetidas de invalidación emocional, exigencia o abandono afectivo, este último eje central del libro.
A lo largo de los capítulos se introducen los conceptos propios del enfoque IFS —las partes exiliadas que cargan con el dolor, los directivos que protegen de forma preventiva mediante el perfeccionismo o la sobreexigencia, y los apagafuegos que actúan cuando el malestar amenaza con desbordarse—, así como las ocho cualidades del self adulto (curiosidad, coraje, compasión, conexión, confianza, claridad, calma y creatividad) que permiten sostener y acompañar a esas partes internas. Casos de terapia narrados con nombres ficticios ilustran cómo estos mecanismos se manifiestan en la vida adulta: la procrastinación ligada al miedo al error, la autocrítica interiorizada de una madre exigente, o la sensación de invisibilidad tras años de abandono emocional.
Más que un manual de soluciones rápidas, el libro propone un proceso progresivo de reconexión con la propia historia, invitando a quien lee a formularse preguntas sobre su infancia, identificar las necesidades que no fueron cubiertas y construir, desde la comprensión y sin juicio, una relación más cuidadosa entre la persona adulta que es hoy y la niña que fue.