Steve Grogan, un investigador policial, se convierte en el testigo clave contra un sindicato de narcotráfico protegido por un empresario que aparenta intachable respetabilidad.
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Steve Grogan, un investigador policial, se convierte en el testigo clave contra un sindicato de narcotráfico protegido por un empresario que aparenta intachable respetabilidad. Cuando descubre que los cómplices del cabecilla planean secuestrar a su pequeña hija para forzarlo a suavizar su declaración, pide licencia y se oculta junto a un matrimonio de confianza en un motel de carretera. Entre bares con cantantes de voz sensual, coches vigilados y encuentros tensos con pistoleros a sueldo, Grogan comprende que no podrá escapar indefinidamente: tarde o temprano deberá enfrentar a quienes lo acorralan.
Acorralado narra la disyuntiva de Steve Grogan, un hombre de la ley que meses atrás desbarató un sindicato de traficantes de estupefacientes y ahora es la pieza imprescindible para condenar a su artífice, un supuesto hombre de negocios que ha logrado desaparecer de la vista pública mientras aguarda el desenlace del proceso. La organización, consciente de que solo el testimonio de Grogan puede hundir a su jefe, no necesita eliminarlo: le basta con doblegar su voluntad. La amenaza llega en forma de advertencia velada de un cómplice arrepentido: Betsy, la hija de tres años de Grogan, podría ser secuestrada para que su padre module su declaración en la corte. Ante ese riesgo, Grogan toma licencia indefinida de la fuerza y busca refugio en un motel de carretera junto a Rocco y Vic, un matrimonio de aliados leales, mientras intenta sostener para la niña la ilusión de unas vacaciones normales. La novela alterna la calidez doméstica de esos días de espera —canciones de bar, cafés compartidos con una cantante llamada Terry, la fidelidad silenciosa de sus protectores— con la tensión creciente de saberse observado. La reaparición de un pistolero conocido, las llamadas a un aliado dentro de la policía local y una decisión arriesgada de Grogan de enfrentar directamente a los hombres que lo vigilan marcan el giro hacia la acción directa: el cazado empieza a comportarse como cazador. De fondo persiste un elemento adicional que agrava el peligro: unas páginas de un libro de contabilidad que Grogan conserva y que el cabecilla de la banda necesita recuperar a toda costa. Mientras esas páginas sigan en su poder, ni la promesa de silencio ni la fuga garantizan la paz; Grogan lo sabe, y por eso decide que la única salida es dejar de esconderse y presionar él mismo a sus perseguidores antes de que el tiempo se agote.