Un especialista en biología circadiana explica cómo el momento del día en que dormimos, comemos y nos exponemos a la luz determina nuestra salud tanto como la dieta o el ejercicio, y propone pautas sencillas para restaurar ese equilibrio…
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Un especialista en biología circadiana explica cómo el momento del día en que dormimos, comemos y nos exponemos a la luz determina nuestra salud tanto como la dieta o el ejercicio, y propone pautas sencillas para restaurar ese equilibrio interno y prevenir enfermedades crónicas.
Esta obra parte de una premisa que la ciencia solo ha empezado a confirmar en las últimas dos décadas: casi todas las células del cuerpo contienen un reloj biológico que enciende y apaga miles de genes según la hora del día, y cuando ese sistema se desajusta —por trabajar a turnos, dormir poco, comer a deshora o exponerse a luz artificial en momentos inadecuados— aumenta el riesgo de padecer insomnio, ansiedad, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo e incluso cáncer.
El autor entrelaza su propia trayectoria, desde una infancia dividida entre la vida rural marcada por los ciclos del sol y la vida urbana regida por turnos nocturnos, hasta décadas de investigación en biología molecular y genómica que le llevaron a descubrir el sensor de luz que sincroniza el reloj cerebral y a demostrar, en estudios con animales, que restringir el horario de las comidas —sin cambiar qué ni cuánto se come— puede prevenir o incluso revertir la obesidad y otras enfermedades metabólicas.
A partir de esa evidencia, el libro argumenta que prácticamente todos somos, de un modo u otro, «trabajadores a turnos»: quienes tienen empleos nocturnos, pero también estudiantes, padres de bebés, viajeros frecuentes o cualquiera que trasnoche los fines de semana. Con ese diagnóstico como punto de partida, se ofrece un método organizado en tres bloques: comprender el funcionamiento del reloj interno y evaluar el propio desajuste, aplicar pautas concretas sobre cuándo comer, trabajar, hacer ejercicio y dormir, y finalmente revisar cómo esos ritmos inciden en dolencias específicas, desde el cáncer y las enfermedades cardiometabólicas hasta los trastornos neurodegenerativos y digestivos. El resultado es una propuesta de cambios cotidianos, respaldados por investigación de laboratorio, que buscan devolver al organismo su sincronía natural sin recurrir a dietas restrictivas ni fármacos.